La historia del primer cráter lunar que llevó el nombre de un latinoamericano.

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En una época cuando los ríos, bahías y montañas en la Tierra ya tenían nombre, quedaba aun la intensa tarea de nombrar un sinnúmero de accidentes geográficos fuera del planeta, en particular en nuestra compañera cercana, la Luna.

La exploración detallada del universo que fue tomando fuerza con la invención de telescopio hace cuatro siglos, y más recientemente con misiones espaciales que nos pusieron un paso más cerca del vecindario en el sistema solar, crearon la necesidad de buscar nombres para multitud de lugares en nuestro satélite natural.

Aunque en los dibujos de la Luna del gran Leonardo da Vinci, realizados un siglo antes de la llegada del telescopio, ya se detallaban sus zonas más oscuras, que corresponden a los llamados “mares”, fue William Gilbert, médico de la reina Isabel I, el que por primera vez los bautizó en 1600. Gilbert da los nombres de Britania, y Regio Magna Orientalis, a los actuales Mar de las Crisis y Mar de las Lluvias.  

Pero la toponimia lunar nacía formalmente con los primeros mapas de la Luna que aprovechan el recién inventado telescopio. El 5 de agosto de 1609 el inglés Thomas Harriott fue el primero en observar la Luna con el nuevo instrumento óptico, y su mapa lunar contenía letras y números que identificaban las diversas formas que encontró. Tan solo cuatro meses más tarde Galileo Galilei va mas allá en sus interpretaciones de la superficie lunar, y describe montañas y cráteres. En lo que resta del siglo aumenta el interés por nombrar cráteres lunares, y se empiezan a usar nombres de filósofos y astrónomos como Aristóteles, Arquímedes, Platón, y los más recientes Kepler y Galileo, entre otros.

Años más tarde, el uso de la fotografía traería nuevos desafíos. Mary Blagg, una joven estudiante universitaria, seria la que asumiría la tarea de sistematizar la nomenclatura lunar, ayudando a completar en 1913 la obra titulada “lista compilada de formaciones lunares”. En reconocimiento a su méritos, Blagg es la primera mujer en ser elegida miembro de la Royal Astronomical Society, y poco tiempo después hace parte de la comisión lunar establecida por la Unión Astronómica Internacional. Continuó involucrada intensamente en estandarizar la nomenclatura lunar, trabajo que resulta en una obra publicada en 1935, sobre la cual no se han hecho modificaciones substanciales.  

Una de las principales actualizaciones tuvo lugar a raíz del éxito de la misión soviética Luna 3, que fotografió la cara oculta de la Luna y permitió tener el correspondiente mapa lunar en 1960. Nombres de cosmonautas rusos y astronautas norteamericanos fallecidos, fueron los primeros otorgados a los nuevos cráteres.  Sería al final de esta intensa década, y por recomendación del Observatorio Astronómico Nacional de Colombia (OAN), cuando se propone el nombre del astrónomo colombiano Julio Garavito Armero para engrosar la selecta lista de personajes. Garavito, una de las figuras más reconocidas de la astronomía colombiana, se había destacado por sus observaciones de cometas y eclipses, estudios del movimiento lunar y contribuciones a la mecánica celeste, siendo además profesor de matemáticas, ingeniero civi, y director del OAN por casi tres décadas, hasta su muerte en 1920

El 27 de agosto de 1970, la Unión Astronómica Internacional en su asamblea general en Brighton, Inglaterra, le da el nombre de Garavito a uno de los cráteres del lado de la Luna que no vemos desde la Tierra, de 80 kilómetros de ancho y ubicado en las coordenadas latitud 47º.6 sur y longitud 156º.7 este. Fue en su momento el primer latinoamericano con ese honor. En la actualidad 5 cráteres llevan el nombre Garavito, diferenciados por las letras S, C, D Q y Y. El nombre de Francisco José de Caldas, primer director del OAN, fue otro de los propuestos, pero finalmente fue descartado debido a que según las normas establecidas, no se otorgan estos homenajes a héroes militares ni a políticos con menos de doscientos años de muertos, lo que dejaba al sabio Caldas sin cráter al haber participado en

Medio siglo después, Garavito sigue siendo uno de los personajes de la ciencia más recordados en Colombia. Al billete de veinte mil  que todos los colombianos han llevado en nuestros bolsillos desde 1996, se suma este año una estampilla conmemorativa por los 100 años de su fallecimiento, y multitud de homenajes de la Sociedad Colombiana de Ingenieros, que lleva su nombre, y de la Universidad Nacional de Colombia, su alma mater, en donde desempeño toda su carrera.

El regreso de las lágrimas de San Lorenzo

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El nombre de San Lorenzo, uno de los siete diáconos legionarios de Roma, se recuerda especialmente cada 10 de agosto, fecha que conmemora su muerte, tras ser quemado vivo en una parrilla en el año 258.

Para otros, esta fecha es una de las más esperadas del año, un encuentro con la observación del firmamento. Como todos los años durante esta época, los amantes de los fenómenos del cielo esperan una famosa lluvia de estrellas. Lejos de ser estrellas que caen del cielo, estas lluvias son en realidad pequeños cuerpos rocosos que la Tierra se encuentra a su paso.

Si queremos buscar un responsable, ese sería el cometa Swift-Tuttle, descubierto en el año 1862 de manera independiente por los astrónomos Lewis Swift y Horace Pamell Tuttle. De unos 26 kilómetros de diámetro y que fuera catalogado como “el más peligroso objeto conocido por la humanidad”, este cometa es el cuerpo más grande descubierto que pasa cerca de la Tierra, y lo hace cada 133 años, desprendiendo una inmensa nube de pequeños escombros que pueden ser tan diminutos como el tamaño de granos de arena. 

Aunque la última vez que lo vimos por estos lados fue en 1992, cada año restos del Swift-Tuttle ingresan a la atmósfera de la Tierra y producen la llamada lluvia de meteoros de las Perseidas, cuyo nombre proviene de la constelación de Perseo, lugar en el cielo a donde tenemos que levantar nuestra mirada para intentar ver emerger y cazar con nuestros ojos alguno de estos destellos.

Cada partícula ingresa a la atmósfera a una velocidad de 60 kilómetros por segundo, comprimiendo el aire delante de ellas y aumentando su temperatura.  A unos 100 kilómetros de altura sobre nuestras cabezas, la  temperatura de la partícula aumenta a hasta 1600 grados Celsius, y se incinera, causando el fenómeno que se suele denominar popularmente “estrella fugaz” con sus característicos trazos de luz en el firmamento. La Tierra no corre peligro tras el impacto de estos pequeños cuerpos, y durante el año hay cerca de 30 lluvias de meteoros causadas por el encuentro de nuestro planeta con restos asociados a diferentes cometas.

Desde mediados de julio y durante un mes, se puede observar el fenómeno de las Perseidas, que ya disfrutaban las culturas antiguas, siendo las noches del 11 al 13 de agosto las que se caracterizan por un mayor bombardeo de meteoros, llegando a unos 400 por hora. Durante la Edad Media su observación por esta época del año, durante la conmemoración de la muerte de San Lorenzo, hizo que se asociaran a las lágrimas del popular santo, cuando aun faltaban varios siglos para imputar al cometa y su estela de despojos como responsables.

Para poder disfrutar de la observación de las Perseidas se debe ir a un lugar oscuro, alto y con buena visibilidad. No se requiere ningún instrumento óptico más allá del ojo humano, pero si una buena dosis de paciencia. El mejor momento será en las horas siguientes después de media noche y antes del amanecer, cuando la constelación de Perseo se encuentra hacia el noroccidente.

Solo hasta el año 2126 el Swift Tuttle pasará nuevamente para recargar la nube de polvo, lo cual permitirá que los cazadores de meteoros puedan registrar muchos más destellos en sus libretas.

El cometa más fotografiado

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Cometa NEOWISE sobre Stonehenge.
(NASA/Declan Delav)

Dentro de las miles de imágenes que inundan las redes sociales, seguramente por estos días nos habrá llegado alguna del nuevo cuerpo celeste que muchos intentan observar en el firmamento y los más pacientes intentan fotografiar para dejar constancia de su paso. Se trata del cometa NEOWISE, el más brillante de los últimos años, que en el mes de julio muestra todo su esplendor surcando el cielo y que es ya el cometa más fotografiado de la historia.

Descubierto por un telescopio espacial que lleva el mismo nombre, justo cuando medio mundo comenzaba el confinamiento por causa de la pandemia a finales del mes de marzo, su observación tiene los días contados. Su estela dejará de ser visible mientras continua su trayectoria en el sistema solar alejándose del Sol, desde su máxima aproximación que tuvo lugar el 3 de julio, para no regresar hasta dentro de casi 7000 años.

Pocos objetos en el universo han influenciado tanto  a diferentes culturas en nuestro planeta como los cometas, llamando la atención de los seres humanos de diversas formas. En la antigüedad, cuando no teníamos las herramientas que ahora ofrece la ciencia para estudiarlos en detalle, era común asociar su llegada con malos presagios. Varias crónicas relatan que antes de la llegada de los conquistadores a Tenochtitlán (México),  se observó un cometa que fue visto como portador de malas noticias, atemorizando al imperio azteca en cabeza del emperador Moctezuma.

Hoy sabemos que los cometas son amasijos de hielo sucio, que contiene polvo y rocas pequeñas, con núcleos que pueden llegar a medir varias decenas de kilómetros, y que atraviesan el sistema solar en diversas direcciones en órbitas alrededor del sol. Surgieron en los primeros instantes de la formación del sistema solar como cuerpos que gracias a su velocidad tuvieron órbitas mas alargadas,  que los llevaron a regiones más alejadas que las ocupadas por planetas.

La química de los cometas podría dar lugar a la formación de moléculas orgánicas, incluidos algunos componentes básicos para la vida. Esto, sumado a que en el pasado era más común que impactaran sobre los planetas, pudo ocasionar que si el cometa correcto golpeó el planeta correcto, y se dieron las condiciones apropiadas, la vida pudo surgir. Esta es una de las posibles hipótesis sobre el origen de la vida en la Tierra.

Seguramente la observación por esos días del cometa NEOWISE pueda inspirar a muchas niñas y niños que serán parte de una nueva generación de exploradores del cosmos, para poder responder este y muchos otros interrogantes sobre estos fascinantes cuerpos. En la historia encontramos grandes personajes de la ciencia cuyo interés por el cosmos surgió gracias a la observación de algún cometa, siendo el famoso cometa Halley protagonista de algunas de estas historias.

A finales de julio el cometa alcanzó su punto más cercano a la Tierra, a unos 100 millones de kilómetros, lo que equivale a unas dos terceras partes de la distancia nos separa del Sol. Su observación puedo hacerse a simple vista durante varias semanas, y para muchos fue la primera vez en su vida que pudieron ver una esbelta cola cometaria.

El vuelo del dragón que dio comienzo a la nueva conquista del espacio

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Mientras la exploración espacial se encontraba en uno de sus mejores momentos, y el mundo se preparaba para la misión Apolo 14, la cuarta que llevaría exitosamente humanos a la Luna, y la primera en usar un rover para desplazarse sobre su superficie a mediados de 1971, nacía en Sudáfrica un niño del cual hoy todos están hablando. 

Elon Musk es considerado en la actualidad como un personaje sacado de una película de ciencia ficción, un innovador que en menos de veinte años ha hecho que su empresa de tecnología de exploración espacial – SpaceX – sea ahora parte de los libros de historia al conseguir enviar los primeros astronautas en una nave privada, algo que pocos hubieran imaginado hace cincuenta años. Además consigue devolverle a Estados Unidos la capacidad para enviar seres humanos al espacio desde su propio suelo, perdida desde el 2011 con el último vuelo del programa de transbordadores espaciales. Desde entonces los norteamericanos han tenido que usar cohetes rusos lanzados desde el cosmódromo de Baikonur (Kazajistán) para enviar a sus tripulaciones.

Llegar a este momento para la empresa SpaceX desde su fundación en el año 2002, ha significado superar varios obstáculos y lanzamientos fallidos, con la firme meta de convertirse en los proveedores de un sistema de transporte eficiente y reutilizable, que convierta los viajes al espacio en algo cotidiano y accesible para muchas más personas; aunque el verdadero sueño de Musk es llevar una misión tripulada a Marte y lograr colonizar el planeta rojo.

El éxito de Space X se debe también a su presidenta y jefe de operaciones, la ingeniera con estudios en matemática aplicada Gwynne Shotwell, la responsable día a día de las operaciones y crecimiento de compañía, quien es parte de la lista de las mujeres con más poder del mundo.

El sábado 30 de mayo del 2020 será recordado como la fecha en que el cohete Falcon 9, con la cápsula Crew Dragón, de SpaceX despega exitosamente desde la legendaria plataforma de lanzamiento 39A en el Centro Espacial Kennedy en Cabo Cañaveral, la misma que vio despegar años atrás al último transbordador espacial, y otro tantos más al cohete Saturno V llevando por primera vez seres humanos a la Luna.

Tras casi 20 horas orbitando la Tierra, la Crew Dragon con los astronautas Doug Hurley y Bob Behnken finalmente se acopló a la Estación Espacial Internacional (EEI) a 400 kilómetros sobre nuestras cabezas y viajando a una velocidad de 27 mil kilómetros por hora, para sumarse al equipo de tres astronautas de la expedición 63 que comenzó el 17 de abril de este año. 

Dough y Bob estarán entre 6 y 16 semanas en el habitáculo espacial antes de completar la última fase de la misión que será su regreso a casa. En ese momento Space X, que ya es líder mundial en la puerta en órbita de satélites, tendrá luz verde para continuar con el contrato de 3 mil millones de dólares firmado con Nasa para proveer 6 misiones tripuladas a la EEI. Entre sus planes también está iniciar en menos de dos años los vuelos turísticos al espacio. Su competidor, la empresa Boing tiene por su parte que demostrar que también puede hacer lo propio con su cápsula CST-100 Starliner dentro del programa de tripulación comercial de la Nasa, en un acuerdo de mas de 4 mil millones de dólares.

La nueva conquista del espacio, que abre el capítulo mas ambicioso en la historia de los viajes tripulados, está en manos de empresas privadas. Parece que atrás quedaron las motivaciones nacionalistas que dieron cuenta de cómo Estados Unidos y la antigua Unión Soviética se disputaban el poder hace sesenta años exhibiendo sus hazañas durante los comienzos de la carrera espacial.

Desde tú casa hasta los confines del universo

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Permanecer en nuestras casas en estos momentos es la mejor forma para enfrentar la situación que estamos viviendo. Podemos aprovechar esta condición para usar algunas herramientas que nos permiten explorar, desde la comodidad de nuestra habitación, un sinnúmero de regiones y objetos en el universo. Incluso, podemos hasta ser participes de proyectos de ciencia ciudadana, colaborando con científicos de diversas partes del mundo, en proyectos para analizar información, apoyar la clasificación de datos, y aprender sobre la incesante y fascinante labor de la ciencia que estudia el cosmos.

En muchos casos se demuestra como la astronomía es tal vez el mejor ejemplo de un modelo de cooperación entre profesionales y aficionados, y es un referente de ciencia ciudadana.

La curiosidad permite que todos los días muchos apasionados por el firmamento hagan descubrimientos, dedicando tiempo a explorar catálogos y bases de datos en línea. Si alguien quiere descubrir un asteroide, una explosión de supernova, o algo que probablemente ni se imagina, tan solo debe poner empeño y dedicación porque opciones hay muchas.

Una de las más conocidas es el proyecto que nació en el año 2007 con el nombre de Galaxy Zoo, y que invitaba a la gente a ayudar a los científicos en la clasificación de galaxias, de miles de galaxias cuyas imágenes reposan en un catálogo al que cualquiera puede acceder libremente. Gracias a este proyecto, una joven holandesa descubrió un nuevo tipo de objeto, una especie de fantasma cósmico, que desde entonces lleva su nombre, el objeto Hanny. El proyecto evolucionó y hoy Zooniverse engloba a una gran variedad de iniciativas de ciencia ciudadana.

Recientemente el panorama de opciones se ajusta a intereses tan variados como crear un mapa, como los de Google maps, usando fotografías nocturnas que hacen astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional, para que los ciudadanos apoyen la clasificación de estas fotografías, o la posibilidad de convertirse en un cazador de asteroides para identificar a estos cuerpos, algunos de los cuales podrían convertirse en verdaderas amenazas si llegaran a impactar contra la Tierra.

Otros nos llevan aún más lejos, y nos enfrentan al reto de entender características de planetas extrasolares, mundos a millones y millones de kilómetros de nuestro ahora convulsionado hogar.