Cosmic Rhapsody

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Hace una década me encontraba disfrutando apaciblemente de un café   en la cafetería del Instituto de Astrofísica de Canarias, uno de los mayores centros de investigación mundial en el astronomía y ciencias del espacio, cuando un personaje alto, de fulgurante cabellera irrumpe en el lugar.

Inmediatamente reconozco al sujeto, conocido internacionalmente por haber triunfado como compositor, guitarrista y vocalista de la exitosa banda británica Queen.

¿Qué hace aquí Brian May?, fue lo primero que paso por mi cabeza. Se encontraba en compañía del astrofísico Garik Israelian, destacado investigador que dirigió el equipo que en 1999 encontró las primeras pruebas observacionales de que las explosiones de supernovas – producto de la muerte de estrellas de gran masa – son causas de formación de agujeros negros.

La visita del músico no era inesperada, como tampoco lo era el nombre del tour que estaba realizando con la banda Queen por Europa, Asia y América titulado “The Cosmos Tour”.  La cercanía de Brian May con la astronomía era tan antigua como su interés por la música, desde que era un niño. A los siete años sus pasatiempos favoritos eran tocar la guitarra que le había regalado su padre, y pasar horas explorando el cielo con un sencillo telescopio que tenia en casa.

Fue un alumno brillante en física y matemáticas, y a la edad de 22 años ya había terminado con honores sus estudios en el Imperial College de Londres, y comenzaba un doctorado en Astronomía. Al mismo tiempo su  joven banda era telonera de grupos tan reconocidos como Pink Floyd.

Entre sus primeros estudios científicos sobresalen las investigaciones sobre la llamada luz zodiacal, un resplandor que se observa por encima del horizonte después del crepúsculo, o antes del amanecer, y que muchas veces se confunde con luz proveniente de una ciudad a lo lejos.

En realidad se debe a la cantidad de partículas microscópicas que llenan el espacio interplanetario y que forman una especie de disco en torno al Sol. Contribuyen a su formación los cometas que a su paso por el interior del sistema solar expulsan polvo, y también las colisiones entre asteroides.

Brian May tuvo que escoger a comienzos de los años 70 entre dedicarse de lleno a su tesis doctoral o asumir el triunfo que tenía Queen y el tiempo que le exigía la banda. Decide entonces dar un tiempo a sus estudios, que retoma tres décadas después.

Probablemente después de esa mañana cuando conocí la historia de Brian May tuve una motivación más para concluir mis estudios de doctorado en el 2008, el mismo año en que May recibe su titulo de Doctor en Astrofísica.

Desde ese momento su figura se convierte también en una motivación en miles de jóvenes para descubrir los misterios del universo. Realiza colaboraciones con NASA en la misión New Horizons – que recientemente nos dio información privilegiada sobre Plutón y ahora viaja al encuentro del objeto 2014 MU69 en el cinturón de Kuiper – y fue el creador junto con Israelian del festival Starmus, que reúne a Premios Nobel y a destacadas personalidades del mundo de la ciencia, el arte y la cultura, promoviendo el conocimiento en la sociedad.

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La Tierra gira y gira

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Si por alguna extraña razón hubiéramos existido en los primeros instantes cuando surgió la vida en nuestro planeta, los días no nos alcanzarían para mucho. Se estima que los períodos de luz (día) y oscuridad (noche) habrían sido de tan solo 6 horas, una cuarta parte de lo que actualmente disfrutamos. Parece una nimiedad, pero esto cambiaría de forma radical nuestros ritmos de vida, sociales, laborales y culturales, por tanto el movimiento de rotación de nuestro planeta tiene implicaciones directas sobre nosotros.

Lo que que ahora sabemos es que justamente el movimiento es una de las acciones más generalizadas a lo largo y ancho del universo. Cómo decía Walt Whitman,  uno de los grandes poetas de la historia y el de mayor transcendencia que ha dado Estados Unidos, “en el universo todo gira”, y ese movimiento se va transformando para llegar a los diferentes objetos que se crean a través de diversos procesos evolutivos.

Sin ir muy lejos, en el caso de nuestro vecindario el sistema solar con el Sol, los planetas y los millones de cuerpos de menor tamaño que lo componen, tenemos un fiel reflejo de esa situación

desde su origen hace 4600 millones de años.  Comenzando como una gigantesca nube molecular, con gas y polvo que giraba, se desata un colapso gravitacional en donde esta se contrae debido a la acción de la gravedad, como un castillo de naipes que se viene abajo bajo su propio peso.

A medida que toda de la masa se comprime, su velocidad de giro se va incrementando, al igual que un patinadora dando vueltas acerca sus brazos al cuerpo para girar con mayor rapidez. La física llama a esto el principio de conservación de la cantidad de movimiento (momento) angular.

El proceso da lugar a un disco, una especie de pizza gigante hecha a partir de una bola de masa. El disco, después de algunos pocos millones de años, forma en su centro una estrella, y alrededor planetas que se distribuyen en órbitas. Cada planeta es el resultado de la unión, nuevamente por la acción de la gravedad, de pequeños escombros que poco a poco van formando planetesimales cada vez más grandes, mientras todo esto va girando alrededor de plano del disco.

En definitiva los cuerpos que forman el recién nacido sistema planetario mantienen un movimiento de giro (rotación), que ha sido impartido como parte de la conservación del momento angular y que coincide también con su dirección de traslación alrededor de la estrella central.

La pregunta surge cuando encontramos planetas que giran al revés de lo esperado, como es el caso de Venus, situaciones como el aumento de velocidad de rotación de la Tierra o el simple hecho de que el eje de rotación terrestre este inclinado unos 23 grados respecto a la dirección “vertical”. Urano por su parte, gira acostado. La explicación para estas variaciones estaría asociada a impactos de cuerpos sobre el planeta que pueden afectar la dirección de su eje y la velocidad de rotación.

¿Qué ha hecho entonces que la duración de los días en la Tierra haya cambiado? La llamada teoría del gran impacto tiene una respuesta basada en la devastadora colisión contra el planeta de un cuerpo del tamaño de Marte, que desprendió miles de toneladas de material al espacio. El choque hizo girar a la Tierra a una velocidad más rápida y los escombros desprendidos comenzarían a unirse hasta formar la Luna unos siglos después. El día en el primer período de vida de la Tierra solo duraba 6 horas.

Pero la Luna se formo más cerca de la Tierra de lo que esta hoy, por lo cual las fuerzas de marea  eran más intensas, llevando a que la fricción entre los océanos y el planeta causara una disminución en la velocidad de la Tierra y permitiendo que la Luna se aleje un poco más. Hoy esta 18 veces más lejos que cuando se formó, y sigue alejándose a razón de 4 centímetros por año. Por otra parte dentro de 100 años un día en la Tierra tendrá 2 milisegundos más que el día de hoy.

Oumuamua, el visitante interestelar que nos puso a especular sobre vida extraterrestre

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Varias razones hacen de Oumuamua uno de los objetos más extraños que se hayan descubierto en nuestro vecindario cósmico, y de que hoy sea protagonista de un debate entre la comunidad científica y la sociedad en general. La historia de este misterioso objeto comienza hace algo más de un año, el 19 de octubre de 2017, cuando el joven astrónomo canadiense Robert Weryk experto estudiando la física de los meteoros,  comenzaba un día de trabajo normal en el Instituto de Astronomía de la Universidad de Hawái.

Aquella mañana el Dr Weryk probablemente jamás imagino el alboroto que causaría el descubrimiento de un débil puntito brillante en imágenes del cielo tomadas por el telescopio Pan-STARRS 1 ubicado en el Observatorio Haleakala en la isla de Maui (Hawái). Este instrumento obtiene imágenes de gran campo que permiten observar el cielo de forma continua y poder hacer astrometría, es decir medir con precisión el movimiento de cuerpos celestes.  Por algo tiene el record del mayor número de asteroides descubiertos en una misma noche, marca que logró en el año 2011 cuando se detectaron 19 de estos objetos.

Para sorpresa del investigador, el objeto que acababa de descubrir un mes después de su máxima aproximación al Sol, no parecía moverse según lo predicho para la órbita que podría tener un cometa o un asteroide. Busca entonces más datos y los encuentra en observaciones tomadas desde un telescopio de la Agencia Espacial Europea ubicado en el Observatorio de Izaña en Tenerife (Islas Canarias). Combinando la información que ahora tiene en sus manos, determina que el extraño cuerpo proviene de fuera de nuestro sistema solar, de algún remoto lugar en nuestra galaxia, y que describe una de las órbitas más extremas que jamás se hayan estudiado.

Un mes después el objeto ya tenía nombre. Se denomino Oumuamua, una palabra de origen hawaiano que significa “explorador” o “mensajero que proviene de lejos”, y se le adjudicó el no despreciable honor de ser el primer objeto interestelar de este tipo descubierto en la historia. La Unión Astronómica Internacional, que le asigna nombre a los objetos astronómicos, anunció entonces la designación 1I/2017 U1 en donde justamente la “I” – usada por primera vez –  indica su origen interestelar.

Un primer consenso declaro que Oumuamua debía ser un cometa, basándose en las variaciones de su velocidad y en el hecho de que según el conocimiento actual se predice la existencia de más cometas interestelares que asteroides interestelares. Sin embargo no parecía tener la configuración típica de los cometas cuando se acercan al Sol, que desarrollan su larga cola con emisión de gases y polvo. Para entonces multitud de telescopios en Tierra, y el telescopio espacial Hubble, comenzaron a vigilar sus movimientos y registrar cualquier variación en su brillo, rotación y otras características físicas. Se encontró por ejemplo que a lo largo de su órbita extremadamente alargada, se mueve tan rápidamente alejándose de nosotros, que hay bastante certeza de que jamas regresará. Una de las propiedades más curiosas es su forma, que a diferencia de la mayoría de los asteroides y cometas que parecen una papa gigante, es muy alargada, como la de un edificio de 60 pisos. Además gira sobre su eje cada 7 horas aproximadamente, y varía su brillo hasta diez veces en cada giro.

Su trayectoria igualmente nos da indicios de que proviene de la dirección donde se encuentra la constelación de la Lira. Allí fue expulsado del sistema estelar que le dio origen y estuvo vagando por el medio interestelar en la Vía Láctea a una velocidad promedio de unos 100.000 kilómetros por hora, hasta toparse con el nuestro.  Según los modelos de formación de sistemas planetarios, se espera que muchos objetos del tamaño de  Oumuamua – comúnmente denominados planetesimales – salgan lanzados en el proceso inicial que da origen a una estrella rodeada de planetas.

Esta semana dos astrónomos del Centro de Astrofísica Harvard-Smitshonian,  Shmuel Bialy y Abraham Loeb, presentaron una nueva investigación sobre Oumuamua. El trabajo ya salió a la luz pública en su versión de “preprint” en la plataforma arXiv.org  y mañana domingo saldrá la publicación oficial en el Astrophysical Journal Letters, una de las revistas científicas de investigación an astronomía y astrofísica de mayor renombre e impacto a nivel mundial.

Inmediatamente titulares como:  “Nave extraterrestre enviada intencionalmente a la Tierra”,  “Misterioso objeto interestelar Oumuamua sería una nave extraterrestre”,  “Una sonda enviada intencionalmente a la vecindad de la Tierra por una civilización alienígena”, entre muchos otros,  empezaron a llenar el mundo digital y a diseminarse por todos los rincones compartiéndose en redes sociales a lo largo y ancho del planeta. Estos titulares contrastan con el título del trabajo original de los científicos que en su versión en español se lee: “¿Puede la presión de radiación solar explicar la peculiar aceleración de Oumuamua? “  y que en el párrafo de resumen expone como los resultados de sus recientes estudios teóricos y observaciones implican que Oumuamua no es un cometa activo, y exploran la posibilidad de que el exceso de aceleración sea resultado de la presión de radiación solar. 

Es decir que en la investigación plantea esencialmente como el flujo continuo de fotones provenientes del Sol – la radiación solar – puede impactar sobre este objeto e impulsarlo, siendo la explicación al aumento de velocidad que se observa en él a medida que se aleja del Sol. El estudio publicado detalla cuidadosamente la dinámica de este objeto. Estos sistemas de propulsión, que se denominan comúnmente velas solares – haciendo la analogía con las velas de un barco que le permiten navegar – se están probando desde hace un tiempo, como futuros sistemas de propulsión de sondas espaciales.

El revuelo surgió porque en un pequeñísimo aparte del artículo, los autores incluyen dentro de las posibilidades de lo que es Oumuamua, que sea una vela solar de origen artificial; una especulación que claramente no tiene pruebas suficientes para ser demostrada. Uno de los investigadores principales sostuvo para varios medios que “Oumuamua podría ser una muestra de tecnología extraterrestre que llegó para explorar nuestro Sistema Solar, del mismo modo que nosotros esperamos explorar Alpha Centauri utilizando Starshot – el proyecto de micronaves espaciales de pocos centímetros impulsadas por radiación solar  – y tecnologías similares”.

La mayoría sin embargo se pregunta seriamente ¿Dónde está la evidencia?. Sin duda hace falta mucha más información para poder afirmarlo con seguridad (algo que de hecho los autores del artículo nunca hacen y tan solo lo plantean como una de las posibilidades)  no sin antes descartar todas las otras opciones que tienen  mayor probabilidad de ser la explicación más plausible.

Infortunadamente al alejarse, el brillo de Oumuamua se hizo imperceptible para los más potentes telescopios y no se pudieron recopilar más datos para seguir profundizando en su análisis. Habrá que seguir buscando otros cuerpos que puedan tener propiedades similares, de la multitud de objetos que entran a nuestro Sistema Solar, e incluso estar preparados para enviar una sonda que viaje a su encuentro para investigarlos in situ.

En cuanto a la relación con alienígenas, un caso muy similar se presentó hace medio siglo cuando se descubrió una señal de pulsos regulares procedentes de una región del espacio, con una frecuencia muy específica. En primera instancia se barajó la posibilidad de que fuera una señal creada artificialmente por una avanzada civilización extraterrestre, y la situación estuvo a punto de generar un caos mediático. Muy pronto se detectaron otras fuentes similares y se descubrió que era un nuevo tipo de objeto que se denominó “púlsar” , formado tras la muerte de estrellas masivas.

Lo cierto es que en la actualidad a la mayoría, por no decir que a todos los científicos que trabajan en el área y a muchos habitantes de la Tierra, les encantaría que hubiera pruebas convincentes de que hay vida extraterrestre y conocer su avanzada tecnología para venir a visitarnos,  pero seguramente el caso de Oumuamua no sea el de mostrar. Justamente uno de los preceptos de la ciencia es cuestionar verdades absolutas y recorrer cuidadosamente el camino de examinar todas las posibles explicaciones a diversos fenómenos.

Curiosidades en astronomía: preguntas y respuestas

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PREGUNTA 1: ¿Se sabe cuántas personas han muerto por descompresión en el espacio?

RESPUESTA:  En los 60 años de carrera espacial han muerto 25 personas entre el programa espacial ruso y el norteamericano. Las pérdidas de vidas se han dado por accidentes, siendo el primero el ocurrido en 1961 cuando el cosmonauta Vladimir Bondarenko murió por quemaduras tras sufrir un incendio en una prueba.

Caso similar sucedió con los tres tripulantes del Apolo I. En ambos casos las pruebas se realizaban antes de emprender el viaje al espacio, tal cual sucedió en otros accidentes de esa década.

Otra situación diferente ocurrió en 1971 en la nave Soyuz XI, después de superar el récord de permanencia en el espacio. Sus tres tripulantes, que no llevaban traje, aterrizaron muertos por asfixia dentro de la cápsula luego de que se produjera un escape de aire. Este ha sido el único accidente fatal por despresurización espacial, término usado para referirse a el momento en el que desaparece la presión atmosférica normal de la cabina de una nave espacial.

A partir de allí se estableció obligatoriamente el uso del traje dentro de la cápsula para eventuales emergencias. Las catástrofes más sonadas son las explosiones en pleno vuelo del transbordador Challenger cuando salía de la Tierra en 1986, este hecho dejó un saldo de 7 astronautas muertos, y el accidente del Columbia en el
2003,  donde perdieron la vida otros 7 tripulantes a su reingreso a la atmósfera terrestre.  Estos últimos desencadenaron el fin del programa de transbordadores espaciales de la NASA.

 

PREGUNTA 2: ¿Exactamente de qué se alimenta un astronauta?

RESPUESTA: En los viajes tripulados los astronautas deben disponer de todo el alimento que van a consumir durante su estadía en el espacio. La comida debe ser nutritiva, pues las condiciones del viaje normalmente generan un debilitamiento en el sistema inmunológico que podría enfermarlos.

En ese proceso de selección se procura que la comida se ajuste a los gustos de cada astronauta para producir un efecto de satisfacción. Cuando se estaba empezando la carrera espacial,  los astronautas en sus primeros viajes se alimentaba de una especie de papilla de frutas con alto contenido de proteínas que se empacaba en tubos como la crema dental.

Luego se implementaron los sistemas para rehidratar la comida, pues resultaba más fácil transportarla deshidratada al espacio. Posteriormente, con el uso del microondas, la facilidad para comer una amplia variedad de alimentos aumentó y por eso ahora pueden comer casi cualquier cosa, incluso pueden llevar alimentos típicos de sus países.

Hay centenares de opciones de comida que llevan enlatada (principalmente los rusos) o en bolsas (los norteamericanos y europeos) y pueden darse gustos con postres, ensaladas de frutas y otras delicias gastronómicas.

La ingravidez afecta a las papilas gustativas y se pierde un poco el sentido del gusto, por lo cual los astronautas suelen comer comidas muy condimentadas. Eso sí, llevan un control en la dieta para asegurarse de que cumplen satisfactoriamente con una buena dosis de nutrientes.

Se evita el consumo de alimentos que generen residuos como migas de pan para que no queden flotando dentro de los habitáculos. La sal por ejemplo se usa líquida.

 

PREGUNTA 3: ¿Qué tan cerca estamos de que un meteorito gigante acabe con la Tierra?

RESPUESTA: Hay una amenaza real de que un asteroide como el que impacto el planeta hace 65 millones de años, que acabó con los dinosaurios, pueda volver a afectar a la Tierra. El problema es que no podemos saber cuándo sucederá, pero se están desarrollando actualmente investigaciones y tecnología para lograr detectar estos cuerpos y ser capaces de desviar su trayectoria cuando se dirijan peligrosamente hacia nosotros.

Desde el 2017, cada 30 de junio se realiza el Día Internacional del Asteroide, que conmemora el impacto de Tungunska (Rusia) que tuvo lugar en esa fecha en el año 1908. El objetivo es sensibilizar a la población sobre los riesgos de impacto de asteroides y poder crear una respuesta internacional ante esta amenaza latente.

Si cayera un asteroide de 10 kilómetros de diámetro, como el que acabó con los dinosaurios, pondría en riesgo nuestra civilización y podría representar el fin de nuestra especie.

De los 750.000 asteroides que se conocen en nuestro Sistema Solar existen hasta el momento unos 16.000 cuerpos catalogados como objetos cercanos a la Tierra (NEO por sus siglas en inglés), lo que significa que sus órbitas pasan cerca de nuestro planeta. La mayoría tienen tamaños menores a 1 kilómetro.

Además, existe otro grupo denominado Asteroides Potencialmente Peligrosos que son casi 2.000 objetos con órbitas menores a 7 millones de kilómetros de la Tierra. En conclusión, se podría decir que la pregunta que nos hacemos ahora no es si caerá, sino cuándo sucederá.

 

PREGUNTA 4: ¿Es cierto que aún se ven las pisadas de las primeras personas que fueron a la Luna?

RESPUESTA: Sí, es cierto, las huellas de los 12 seres humanos que han pisado la Luna siguen allí intactas. La razón es que en la Luna no hay atmósfera, por lo cual no se genera una corriente de viento que pueda barrer tales huellas de su superficie. Tampoco hay erosión o actividad tectónica, otro fenómeno que en la Tierra se encarga de moldear el terreno, aunque en escalas de tiempo un poco mayores.

El material lunar tiene también una ventaja para que las huellas perduren de forma más clara. El llamado regolito lunar que cubre la superficie de la Luna es aparentemente como una especie arena, pero en realidad cuando se mira en un microscopio es muy irregular, a diferencia de la arena que se ve como pequeñas esferas.

Luego de dejar una huella de nuestro pie sobre la arena los granos se deslizan fácilmente unos sobre otros y borran la marca. En el regolito, los granos están más fuertemente adheridos, como si fuera una especie de velcro.

Otra razón más es que la gravedad en la Luna es seis veces menor que en la Tierra, por lo cual es también menor el efecto del peso del material lunar que quedó en la huella y que trata de que esta colapse.

Lo único que puede borrar los rastros que hemos dejado los seres humanos en la Luna -el único sitio fuera de la Tierra que hemos pisado- serían los impactos de meteoritos que arrasen con las zonas que hemos visitado.

 

PREGUNTA 5:  ¿Es cierto que en 1953 una persona se autoproclamo dueña de la Luna

RESPUESTA: Si, el 25 de septiembre de 1954. El hombre se llamaba Jenaro Gajardo Vera, un abogado y poeta chileno que fue fundador de la Sociedad Telescópica Interplanetaria y que tenía entre sus objetivos principales crear una especie de comité de recepción para visitantes de otros planetas.

Vera se presentó ante un notario en la ciudad chilena de Talca, a unos 250 kilómetros al sur de Santiago de Chile, para dejar constancia de su declaración como dueño de la Luna, con el siguiente párrafo:

‘Jenaro Gajardo Vera, abogado, poeta, es dueño desde antes del año 1857, uniendo su posesión a la de sus antecesores del astro, satélite único de la Tierra, de un diámetro de 3.475,99 kilómetros, denominado Luna, y cuyos deslindes por ser esferoidal son: Norte, Sur, oriente y poniente: espacio sideral. Fija su domicilio en calle 1 oriente 1270 y su estado civil es casado. Talca’.

Al final de sus días, en el testamento del señor Vera se puede leer: ‘Dejo a mi pueblo la Luna, llena de amor por sus penas’.

Sin embargo, desde 1967 existe un tratado del espacio exterior que prohíbe la compra y venta de objetos en el espacio y en 1984 se suscribió un acuerdo internacional en donde se considera a la Luna Patrimonio Común de la Humanidad, por lo cual nadie puede apropiarse de ella.

 

PREGUNTA 6: ¿Los astronautas pierden la noción del día y la noche en el espacio?

RESPUESTA: Vivir en el espacio tiene ciertas particularidades, una de ellas es que al encontrarse orbitando la Tierra -desde lugares como la Estación Espacial Internacional- los astronautas viajan a 27.000 kilómetros por hora, lo que hace que experimenten 16 anocheceres y atardeceres en un lapso de 24 horas.

Lo anterior significa que no es fácil saber cuándo irse a dormir y que deben cumplir con un horario establecido para tener sus 8 horas de sueño después de realizar sus labores.

Se ayudan con antifaces o cortinas para bloquear la luz del Sol, que cada 90 minutos está volviendo a entrar por la ventana.

Muchos experimentan trastornos de sueño mientras se habitúan a estas condiciones excepcionales de día y noche y a las otras consecuencias que trae consigo el estar en un ambiente de ingravidez. Todo esto puede llegar a afectar sus ritmos circadianos.

Amores astronómicos

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Si de relaciones que giran en torno al amor por los astros se trata, probablemente la historia de Nicolás Camille Flammarion y sus dos esposas tenga un apartado especial.

Flammarion fue uno de los astrónomos más destacados de finales del siglo XIX. De origen francés, había ingresado con tan solo diecisiete años como colaborador en el Observatorio de París, después de pasar un exigente examen de matemáticas que sorprendió al propio director del instituto, el señor Urbain Le Verrier – descubridor, en el papel, del planeta Neptuno a partir del movimiento de Urano.

Cuatro años más tarde Le Verrier lo echó del puesto, motivado seguramente por la envidia, luego de que Flammarion publicara un libro titulado ‘La pluralidad de los mundos habitados’, argumentando que un astrónomo debía observar y no escribir.

Sin embargo, durante su paso por allí conoció a la que fue su primera esposa, Sylvie Petiaux, una astrónoma feminista que había fundado la asociación para la paz y el desarme por las mujeres. Sus amoríos tuvieron que esperar hasta que Sylvie, casada con un anciano y reconocido astrónomo, enviudara.

Sin creer en el matrimonio, se casaron para que sus amigos les regalaran un viaje en globo, convirtiéndose en la primera pareja en tener un viaje de bodas más cerca de las estrellas, la pasión de ambos. Fundaron un Observatorio en Juvisy-sur-Orge (Francia) y viajaron por varias partes del mundo registrando eclipses totales de Sol.

Años más tarde, entraría la figura de Gabrielle Renaudot, una joven que comenzaba a trabajar en el observatorio y como secretaria de la Sociedad Astronómica Francesa, fundada por Flammarion. Gabrielle se enamoró de su jefe y de su esposa, dando así inicio a un triángulo amoroso que compartía el amor por la astronomía y trabajaba arduamente en la difusión de la ciencia, y en investigaciones sobre la superficie de Marte, la Gran Mancha Roja de Júpiter y las estrellas variables.

Tras la muerte de Sylvie, Flammarion, de 77 años, se casó con Gabrielle, quien para entonces tenía 42 años. El matrimonio terminó tan solo seis años más tarde con la muerte de Flammarion, en 1925. La viuda quedó encargada del observatorio y también trabajó intensamente como redactora de la revista ‘L’Astronomie’ durante casi cuatro décadas, hasta el día de su muerte.

De allí en adelante, el observatorio quedó prácticamente abandonado, pero el legado de estos tres personajes es evidente entre sus varias decenas de obras escritas, que reflejan el amor que compartían por el universo.