El fitness desigual: los países y la obesidadEn esta época de lo…

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El fitness desigual: los países y la obesidad

En esta época de lo fitness, una persona es saludable cuando practica entre 150 y 300 minutos de actividad física a la semana. Esto equivale a que, al menos tres días a la semana, se realice casi una hora de ejercicio vigoroso.

Sin embargo, los mexicanos somos la población perteneciente a la OCDE que más horas trabaja al año ––2248 horas, a comparación de Alemania, con 1368, o Estados Unidos, con 1786–. Esto significa que, mientras los alemanes pasan un sexto de su año trabajando, nosotros le dedicamos un cuarto del nuestro a la faena que nos da un techo y qué comer.

Recientemente, la Secretaría de Salud lanzó dos campañas contra la obesidad, como una medida paliativa ante la prevalencia de esta condición en el país. Una de ellas muestra a la misma persona en condiciones saludables y con más peso de lo recomendado; ésta pretende hacer evidentes los cambios físicos que se desarrollan como consecuencia de decisiones alimenticias poco acertadas. La otra propone alternativas: mejor bajarse del transporte una parada antes y caminar el resto.

Ambas campañas parecen certeras, pero el sobrepeso y la obesidad entre los mexicanos ––problemas de salud pública evidentes–, tienen una causalidad mucho más compleja que la mera falta de actividad física o la mala alimentación.

En lo que atañe a la parte alimenticia la podemos ver desde la falta de educación alimentaria (desinformación sanitaria), los precios de ciertos alimentos, la accesibilidad a comida pobre en nutrimentos y rica en carbohidratos, la falta de apoyo al sector agrícola, entre otros. Por su parte, en relación con la actividad física está estrechamente relacionada con una carencia de espacios e infraestructura pública que inviten a desenvolverse plenamente, la inseguridad en los espacios públicos, la movilidad deficiente en las ciudades, la falta de tiempo para el esparcimiento, entre otras. Ya ni hablar de los salarios insuficientes.

A pesar de que México tiene problemas de fondo en relación a la alimentación y a la actividad física, el patrón de falta de ejercicio es una situación alarmante a nivel mundial. Tan es así que se han asociado 5.3 millones de muertes al año a éste fenómeno, razón por la que la nula o pobre actividad física ya se ha catalogado como una pandemia global.

Es justamente la evidencia que existe alrededor de la cantidad y calidad del ejercicio diferentes entre los individuos y las naciones lo que ha hecho que un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford, en California, haya propuesto un término sugerente: la inequidad en la actividad física. Este concepto se entiende como una distribución desigual del ejercicio entre los individuos de determinada población.

La propuesta de este grupo es que, con este término, sea posible distinguir la cantidad de ejercicio que se realiza entre los ricos y los pobres, entre las mujeres y los hombres. Y que de este valor se pueda predecir el nivel de obesidad de una nación.

A bote pronto esa sugerencia parece obvia. Sin embargo, la información que se tiene para explicar la manera en que distintos factores, como la obesidad y el género, se relacionan con el ejercicio, es poco conocida –a diferencia de la condición económica de las personas, un punto que sí se ha buscado asociar con la calidad de la salud-.

Sacando provecho de la información monitoreable que arrojan los dispositivos móviles, los investigadores en cuestión midieron la actividad física de más de 700,000 personas en 111 países. Esto es equivalente a que monitoreáramos a todas las personas que asistieron a 8 partidos de la selección mexicana en el Estadio Azteca (el dato vale sólo si se tiene un aforo completo, y que una persona sólo asistiera una vez).

Con este volumen de datos, fue posible calcular la cantidad de pasos que caminó un gran volumen de personas de Estados Unidos, Malasia, Noruega, y Egipto, por mencionar algunos países, incluído México. Estos datos fueron correlacionados con los niveles de obesidad de cada nación.

Como era un poco de esperarse, el análisis de este trabajo permitió demostrar que, así como existe una desigualdad económica entre los individuos y entre las naciones, y que ésta afecta la salud de las personas, también podemos hablar de una desigualdad en la actividad física.

El país con menos inequidad física es Hong Kong, seguido por China, Suecia, Corea del Sur y la República Checa. Por el contrario, el país con mayor inequidad física es Arabia Saudita, con el lugar 46. En el 45 está Australia, y para seguir en forma ascendente, está Canadá, luego Egipto, y Estados Unidos, en el lugar 42. México se localiza en el lugar 29. Chile es el país latinoamericano con menos inequidad física, al estar en el lugar 15, seguido por Brasil, en el lugar 22.

Como ya se mencionó, la desigualdad en el ejercicio está asociada con los niveles de obesidad de cada país, de modo que incluso es posible predecirla. Aquellos individuos que viven en los cinco países analizados con inequidad en la actividad física más alta ––como Estados Unidos, Arabia Saudita, o Sudáfrica– tienen un 196% de probabilidad de ser obesos, a comparación de los cinco con la inequidad física más baja, entre los cuales están China y Japón –este resultado hace pensar que, además de la alimentación y el ejercicio, la cuestión genética también tenga algo que ver con esto-. En el caso de México, se vio que tenemos una cantidad similar de número de pasos con las personas de Estados Unidos, aunque nuestro vecino del norte tenga más inequidad física y mayores niveles de obesidad.

Cuando una desigualdad grande en la actividad física es clara, resalta el hecho de que las mujeres tienen menos dinamismo que los hombres. De hecho, hasta el 43% de la inequidad se puede explicar por la brecha de género. Es a partir de estos datos que se puede conocer por qué aumenta la prevalencia de la obesidad de forma más rápida en las mujeres que en los hombres, en tanto que el tiempo de ejercicio se ve reducido.

La combinación de estos dos resultados: el del volumen de la actividad física y el género, permitió a los investigadores concluir que, si bien dos naciones pueden dar la misma cantidad de pasos (en promedio la gente camina casi 5 mil pasos al día, aunque lo recomendable es el doble), si en su país es clara la inequidad de actividad física, tendrá un mayor número de individuos que no hace ejercicio; esa mayoría tenderá a estar compuesta por mujeres y la obesidad en general será mayor. Estos resultados son equivalentes a lo que se ha visto antes con el salario: si aumenta lo que gana una persona, esto se verá reflejado en una mejora en su salud.

Por supuesto, el que una ciudad permita a sus habitantes caminar juega un papel en estos datos. San Francisco y Nueva York están entre las ciudades en las que más se puede caminar en el mundo, y también en las que existen menos niveles de inequidad en la actividad física. Con base en datos como este, el estudio de Standford concluyó, por otro lado, que las ciudades que son más caminables tienen poca inequidad de ejercicio. Esto se asocia con un mayor número de pasos entre sus habitantes, sin importar el género, la edad y el índice de masa corporal.

Los investigadores del trabajo aceptan que su estudio tiene un sesgo importante: el 90% de los usuarios vivían en 32 países de alto nivel socieconómico, mientras que el 10% restante pertenecía a 14 países catalogados, para los fines del estudio, como  de clase media. Además, de esos países con ingresos medios, las personas estudiadas tienen acceso a un buen nivel de vida si consideramos la posibilidad de portar un teléfono celular.

También es verdad que, además de las condiciones ambientales y de actividad, habría que revisar la parte genética. Este enriquecimiento de datos podría explicar por qué Estados Unidos, que tiene ciudades caminables, tiene una población que en conjunto aparece con índice de obesidad alto. En el caso de los mexicanos, ya se han hecho estudios que relacionan algunos genes asociados con el metabolismo de las grasas, el género, la herencia nativo americana y nuestros particulares niveles de obesidad.

Sin embargo, por la robustez de sus datos, los investigadores de este trabajo han podido declarar la relación entre la inequidad en la actividad física y la obesidad con bastante fidelidad, entre naciones e individuos.

Finalmente, este trabajo aporta información sobre países en donde hay pocos o casi ningún estudio con respecto a la actividad física, como son Arabia Saudita y México. Este último punto llama mucho la atención. Si estos investigadores reconocen que hay pocos estudios con respecto a la actividad física en México, ¿será que la campaña de la Secretaría de Salud no está basada en evidencia científica? Interesante…

Bibliografía

Abate, T. (2017) Stanford researchers find intriguing clues about obesity by counting steps via smartphones. Stanford University. [En línea]. Disponible en: http://ift.tt/2sXi45a (Revisado el 21 de agosto de 2017)

Activity inequality (2017) Stanford University. [En línea]. Disponible en: http://ift.tt/2u5frxC (Revisado el 21 de agosto de 2017).

Althoff, T. et al (2017) Large-scale physical activity data reveal worldwide activity inequality. Nature.

Wagstaff, A. & van Doorslaer, E. (2000). Income inequality and health: what does the literature tell us? Annual Review of Public Health. 21: 543-67.

WHO (2017) Physical activity and adults. [En línea] Disponible en: http://ift.tt/1q1RSsc  (Revisado el 23 de agosto de 2017).

Imagen tomada de aquí.

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UNA CIENCIA PARA EL ENTENDIMIENTO MUNDIAL

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El pasado 10 de noviembre se celebró el Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo, celebración creada por la ONU y llevada adelante por la UNESCO, y que este año llevó por lema la frase que da título a esta nota.
En diversas épocas de la historia la ciencia y los científicos han tenido una relación con la sociedad que no siempre ha sido positiva. Primero fueron vistos con aprehensión por criticar el estatus quo gobernante, e ir en contra del conocimiento formal y constituido. Muchos científicos fueron perseguidos por defender ideas, pero ideas sustentadas por hechos y no por creencias.
En la primera mitad del siglo XX, dados los aportes de la química y la física a la fabricación de armas de destrucción masiva durante las dos Guerras Mundiales, los científicos quedaron atados a una imagen de locura, de ansias de dominio mundial como en el estereotipo de los dibujos animados donde siempre desean “conquistar el mundo”.
Sin embargo muchas personas también han entendido los grandes aportes científicos en el área de salud que nos permiten vivir más y mejor, en agricultura que nos proveen mejores alimentos en mayores cantidades, en la tecnología que hacen nuestra vida moderna más cómoda, etc.
Incluso científicos como Andrei Sájarov, Wangari Maathai, Joseph Rotblat y Linus Pauling han ganado el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos por la cooperación internacional, el control de armas y el desarrollo de los pueblos, demostrando que ciencia y sociedad son una sola, y por ello deben trabajar unidas.
Además desde el año pasado se promueve también este día como Día Internacional de los Museos y Centros de Ciencia, uno de los primeros espacios donde los niños, los jóvenes y la sociedad en general puede entrar en contacto con la ciencia, relacionarse con ella y ver de que forma influye y mejora nuestra vida.
Esperamos que la ciencia siga siendo instrumento para el entendimiento mundial, y que este tipo de celebraciones ganen fuerza año con año para beneficio de la sociedad.

Espaço para melhorar a divulgação de revistas científicas SciELO-Brasil

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Lançado em 2013 o Blog SciELO em Perspectiva tem sido um importante canal para o debate sobre editoração, produção científica, ética, cientometria e outros assuntos que podem ajudar editores, pareceristas e autores a melhorar a qualidade dos artigos e revistas científicas de acesso aberto no Brasil ou outros países que compõem a rede (Abel, 2014)….

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LA MALA EDUCACIÓN DE LOS CIENTÍFICOS

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Opinión

Alexandra De Castro

09/11/2017

Ilustración de Ada Peña

Ilustración de Ada Peña

La verdad misma fue puesta como ser, como Dios, como instancia suprema, a la verdad no le fue lícito en absoluto ser problema.

Friedrich Nietzsche

 

La primera vez que escuché la palabra epistemología fue en clase de mecánica clásica de tercer año de la carrera de física en mi Universidad.  Entre los alumnos, interrumpiendo la clase formal, discutíamos apasionadamente sobre el empirismo en la mecánica y en la termodinámica, una conversación que se generó de manera espontánea, pues esos temas no forman parte del plan de estudios.

El profesor, uno de los mejores que he tenido, nos permitió debatir por unos minutos e incluso intentó moderar. Sin embargo, la interrupción a la clase fue bastante breve y dejó más dudas que respuestas pues la conversación se desarrolló desde nuestra más profunda ignorancia en materia de filosofía. La mecánica Lagrangiana es hermosa, pero de esos días, aquel debate es uno de los episodios que mejor recuerdo.  

De mis compañeros de clase casi ninguno había leído sobre filosofía. Hume,  Kant, Descartes, eran solo unos nombres famosos, algunos pocos conocían sobre qué escribieron Karl Popper o Bertrand Russell. En varias oportunidades me he encontrado con científicos que nunca han oído hablar de Mario Bunge. La primera vez que escuché sobre la obra de Kuhn fue en un seminario que dio un profesor del departamento de filosofía, cuya asistencia no era obligatoria de ninguna manera.

Universidad Simón Bolívar, Caracas, Venezuela

Universidad Simón Bolívar, Caracas, Venezuela

En mi alma mater un físico teórico ve tres veces electromagnetismo a lo largo del pregrado y el postgrado y absolutamente ninguna materia de filosofía. En mi caso particular, aprendí más filosofía formalmente en mi postgrado de comunicación de la ciencia que en toda mi carrera como física de altas energías; y eso es un síntoma claro de que nuestra educación científica contemporánea es profundamente deficiente.

Vale decir que yo estudié química y física en la universidad técnica más importante de Venezuela, en aquel momento muy reconocida, y que la situación no mejora cuando vas a otras latitudes o cuando exploras los pensa de estudios de otras carreras en ciencias básicas, como biología, química o geología ¿Cuántos de nuestros diplomados o postgrados en ciencias en América Latina cuentan con estudios formales y obligatorios de filosofía de la ciencia o teoría del conocimiento? En algunos pocos casos se ha dictado alguna materia básica de filosofía, historia de la ciencia o ciencia y sociedad, de manera obligatoria, en ocasiones inestable en el tiempo. En otros casos este tipo de materias son electivas o no existen. Es evidente que en general, los departamentos de ciencias básicas no le dan la importancia que tiene.  

Mario Bunge, filósofo de la ciencia, profesor en la Universidad de McGill

Mario Bunge, filósofo de la ciencia, profesor en la Universidad de McGill

Es cierto que en las carreras científicas el hecho de que las matemáticas jueguen un papel muy relevante las hace sumamente difíciles. Sin embargo, no deja de ser paradigmático que somos entrenados en un subconjunto muy pequeño de las destrezas que se requieren para hacer investigación fundamental de manera exitosa. Esto es, hacer investigación consciente de los métodos, las corrientes filosóficas que soportan nuestro quehacer y la interpretación de sus resultados.    

Temas como la causalidad, el determinismo, la incertidumbre, la exactitud, el error, entre otros son con frecuencia reducidos a un entendimiento parcial, y por lo tanto insuficiente, a través de las matemáticas ¿Cómo llega un estudiante de física, química, biología o ciencias de la tierra a graduarse sin saber absolutamente nada o muy superficialmente sobre epistemología, ontología o gnoseología?

La pregunta la formula de manera muy acertada la profesora Ana María Cetto, del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México:

¿Se puede hacer física de manera inocente, sin tener los mínimos conocimientos sobre las posturas filosóficas que hay detrás?   

Durante los estudios formales de física, el énfasis en los programas y las evaluaciones incide en los hechos científicos que se consideran aceptados hasta el momento, las matemáticas y la resolución de problemas. En términos generales, no cabe duda que es un entrenamiento bastante insuficiente. Solucionar problemas es parte de nuestro trabajo, pero un científico es mucho más que eso, ¿o no?  

No se nos enseña a debatir ni a discutir y muchos menos comunicar nuestras ideas y defenderlas. No se nos enseña porqué hacemos lo que hacemos, cómo y porqué una teoría es exitosa, cuándo y porqué una ley física es válida. Incluso llegué a escuchar profesores que eran de la opinión que no había que discutir ni debatir sobre nada en clase, solo calcular y callar. Al final de cuentas, es claro que en esos programas de estudio se considera como buen físico a aquél que tiene la sagacidad y rapidez para resolver problemas con ciertas herramientas de matemáticas.

¿Es nueva la discusión sobre la naturaleza del espacio? ¿Por qué la relatividad general es una buena teoría, en qué se diferencia con la nueva visión sobre la gravedad del físico holandés Erik Verlinde? ¿Por qué los físicos teóricos trabajan intensamente en geometría actualmente? ¿Qué significa unificación, es pertinente pensar en unificación de electromagnetismo con gravedad? ¿Cuáles son las diferencias con los otros éxitos en unificación? ¿Por qué es válido usar la renormalización?  ¿Cómo se incorpora el paradigma de los algoritmos computacionales en la generación de nuevos conocimientos matemáticos?

Y por favor, no me malinterpreten, algunos de quienes fueron mis profesores son excelentes físicos, mentes brillantes, profesionales muy capaces, les debo mucho y los admiro infinitamente. Los problemas que señalo en esta editorial no son de ninguna manera descuido o incapacidad de los profesores individualmente. Es evidente que llamo la atención sobre un problema estructural de la academia y de la visión general contemporánea en el diseño curricular de los estudios en ciencias básicas.    

En los estudios formales de física pasamos de la mecánica clásica a la mecánica cuántica con ínfima discusión sobre el paradigma nuevo y sus diferencias fundamentales. Todas aquellas discusiones sobre realismo, instrumentismo, determinismo, medida e incertidumbre, las diferentes interpretaciones de la mecánica cuántica y la victoria indiscutible de  interpretación de la Copenhague, pasan por debajo de la mesa o se discuten de manera muy superficial. Lo más importante es resolver los problemas del libro de texto. Nuevamente, nada de esto tiene que ver con quién fue mi profesor de mecánica cuántica, él es sin duda uno de los físicos que más admiro.

Muchos científicos, ávidos lectores y curiosos por naturaleza, con el tiempo adquieren el hábito de investigar en materia de filosofía de la ciencia, e incluso algunos toman cursos electivos, pero ¿debemos dejar que la compresión profunda de lo que ha significado nuestro trabajo para la humanidad a la curiosidad espontánea de unos pocos? ¿Qué clase de profesional se forma realmente en las licenciaturas y postgrados de ciencias básicas?  

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La situación empeora cuando en la arena de la investigación aparecen personajes exitosos y con renombre que desprecian abiertamente los estudios en filosofía.  Ejemplos relevantes son Steven Weinberg, Neil deGrasse Tyson y Stephen Hawking, algunos de ellos a quienes personalmente admiro por sus capacidades, propagan la idea de que la filosofía no es necesaria. Más aún, Weinberg ha estado librando una batalla en contra de la filosofía y lo manifiesta abiertamente en sus libros, por ejemplo en Dreams of a Final Theory (Sueños de una teoría final) donde protesta por «la ineficacia irracional de la filosofía».

Dice Hawking en su libro El Gran Diseño:

La filosofía está muerta. […] los filósofos no se han mantenido al día con los desarrollos modernos en la ciencia, particularmente la física. Los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda del conocimiento.

Las críticas de Weinberg y Hawking al estado actual de la filosofía y su separación con las ciencias son interesantes y bien fundamentadas. Dice Weinberg y con amplia justificación:

Las ideas de los filósofos ocasionalmente han beneficiado a los físicos, pero generalmente de forma negativa,  pues lo que persiguen es protegerlos de las ideas preconcebidas de otros filósofos.

Por otro lado, las matemáticas, integradas de manera indisoluble a la física, son mucho más que un lenguaje: la física se construye a través de ellas. Un físico teórico es en muchos sentidos un filósofo natural que esgrime sus razonamientos a través de las matemáticas y el éxito rotundo de esta práctica es indiscutible. Muchos filósofos de la ciencia pretenden entender sobre física y matemáticas sin tener conocimientos profundos en ninguna de las dos y eso va más allá de ser incompleto y deficiente.


Stephen Hawking

Stephen Hawking


Steven Weinberg

Steven Weinberg

Sin embargo, en el diagnóstico general es importante revisar no solo por qué existe la separación entre las disciplinas científicas y la filosofía y por qué fallan en el entendimiento mutuo, sino si realmente es pertinente mantener esa separación. Después de una desapasionada aproximación al problema, soy de la opinión absolutamente contraria a Weinberg y Hawking: la respuesta a esta situación no puede ser evitar los estudios en filosofía. Todo lo contrario: no solo los científicos deberíamos estudiarla en profundidad, sino integrarla consistentemente a nuestra disciplina y rutina de trabajo.

La física teórica Sabine Hossenfelder (Universidad de Frankfurt) expresa en su blog:

En la actualidad, los físicos no prestan mucha atención a la filosofía. En la mayoría de los campos no importa mucho, pero cuanto más cercana es la investigación a las preguntas fundamentales, más filosofía entra en juego. 

¿Por qué es importante?

Es socialmente relevante. No podemos menospreciar el conocimiento y la visión del resto de los ciudadanos. Muchos políticos y personas en posiciones de poder e impacto social que queremos aproximar a la ciencia nos encuentran superficiales y banales. Asimismo, como resultado de nuestra educación orientada a un entrenamiento muy limitado, el vocabulario del físico promedio es muy pobre y sus capacidades para relacionar su trabajo y sus hallazgos con su entorno social es cada vez más precario.

El entrenamiento en filosofía,  su lenguaje y contexto, nos provee de herramientas para defender nuestras ideas frente a los filósofos y sociólogos de la ciencia. El mismo Weinberg ha logrado responder con mucho éxito a muchas de las cuestiones equivocadamente planteadas desde la filosofía de la ciencia. Un ejemplo concreto lo podemos leer ensayo La Revolución que Nunca Ocurrió en respuesta al libro La Estructura de las Revoluciones Científicas de Thomas Kuhn,  pero para Weinberg poder responder ha tenido que estudiar primero sobre filosofía e historia de la física.

Y, desde luego, no solamente es relevante para defender nuestras ideas sino para comprenderlas más allá de la práctica y los métodos. No podemos entender qué clase de conocimiento estamos produciendo o evaluar nuestras conclusiones sin la discusión filosófica. Los científicos sí tenemos posturas filosóficas, aunque muchos pasan su vida productiva considerando esta cuestión irrelevante. En oportunidades he escuchado científicos declararse frecuentistas o bayesianos en el uso de las estadísticas, como si se tratara de una preferencia estética, sin darse cuenta de que la elección tiene consecuencias profundamente epistemológicas.  

Por otro lado, es importante en la observación sobre las diferencias metodológicas y gnoseológicas en las diferentes disciplinas científicas: ¿en qué son diferentes la química, la biología, la geología, la ecología y la física? ¿Son solo distintas en el aspecto metodológico o en el objeto de estudio?

Hay un cisma incomprensible y perjudicial entre quienes pretenden saber qué significa crear conocimiento y los que de hecho lo crean. Pero no nos equivoquemos y que nuestra arrogancia injustificada no nos ciegue: aquellos, los filósofos, están parados sobre hombros de gigantes y los conocimientos que manejan no son de ninguna manera espurios. Suponer a la ciencia en la cima de todo olvidando que existen muchos otros valores humanos, y que ningún ramal del conocimiento puede sustentarse aisladamente, deteriora la práctica científica a la larga más de lo que sospechamos.