Segunda Edición del Foro CILAC

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Una iniciativa que promueve la cooperación científica y tecnológica de América Latina y el Caribe.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          Entre el 22 y el 24 de octubre se llevará a cabo en Panamá la Segunda Edición del Foro CILAC (Foro de Ciencias de América Latina y el Caribe). La primera edición de este encuentro se realizó en Montevideo en el año 2016.

Lidia Brito, directora de la Oficina Regional de Ciencias de la Unesco para América Latina y el Caribe, dijo en SobreCiencia que la primera edición del Foro fue un suceso exitoso, en parte por el apoyo del gobierno, de las instituciones científicas uruguayas y de los ciudadanos de Montevideo. De cara a este próximo encuentro en Panamá, Brito destacó muy especialmente que el objetivo de CILAC no es solamente quedarse en la realización del evento. La experta detalló algunos proyectos en los que trabajaron en estos dos años.

El Foro crea ideas, caminos que puedan promover la cooperación científica y tecnológica para el desarrollo sostenible de nuestra región. O sea que post Cilac, hubo algunas iniciativas muy importantes. Una de ellas, la importancia de reconocer la riqueza cultural biológica de América Latina y el Caribe, por eso la necesidad de trabajar más esos temas en cooperación científica regional. Un hecho concreto fue la creación de la Red Regional de Centros que trabajan el diálogo intercultural, una red que actualmente tiene once centros de la región, que tiene el apoyo de los gobiernos, usando la herramienta desde algo intercultural para construir visiones comunes, compartidas y cercanas a la agenda 2030, una agenda de derechos y de inclusión”, dijo.

El otro logro que me parece interesante y que en este 2018 lo reafirmamos, es crear mecanismos de cooperación científica tecnológica regional. Algo que todavía no está muy claro, entonces cómo trabajar con la agencias de fomento de ciencia y tecnología para que se pueda efectivamente con el apoyo de otros organismos como el BID, traer posibilidades a esta región de manera muy concreta, y comenzar a tener mecanismos institucionalizados de cooperación científica regional”, explicó.

El Foro CILAC tiene como lema “La ciencia conecta” y abarca varias líneas de trabajo en la región. La experta hizo referencia a los proyectos vinculados a la participación de las mujeres en la ciencia y el trabajo realizado en estos dos años respecto a la identificación de jóvenes que por su capacidad de involucramiento, tienen mucho para aportar.

Brito destacó como puntos fundamentales para el fortalecimiento de las capacidades científicas y tecnológicas de los países de América Latina y el Caribe; a la educación en ciencias y al desarrollo de ciencia ciudadana, enfocando en el vínculo entre la sociedad y la comunidad científica.

Es un tema central de CILAC, estamos hablando con autoridades gubernamentales en que la gestión en la educación en ciencias es algo que tiene que estar presente en sus políticas públicas, porque necesitamos de esta cultura de ciencia en la ciudadanía si queremos efectivamente que la ciencia pueda ser un disparador de desarrollo”, dijo.

Otro objetivo de la Unesco es desarrollar oportunidades de ciencia ciudadana, de trabajo con el ciudadano en la concreción del propio conocimiento. La participación en la creación del conocimiento de alguna manera nos empodera; no sólo para usar mejor ese conocimiento, sino también para garantizar que otros, nuestra comunidad, nuestra familia, puedan hacer uso de ello.  En caso de CILAC, hay una conexión arte y ciencia, es un espacio muy lindo de interacción, mucho más rica. Y en ese sentido empezamos acá, porque la Escuela de Bellas Artes de la UdelaR tuvo una intervención fundamental en 2016, y ahora la estamos reproduciendo en CILAC 2018, con varios museos de Panamá”, agregó.

Por su parte, Guillermo Anlló, especialista regional del Programa Políticas de Ciencias, Tecnología e Innovación hizo hincapié en la importancia del involucramiento entre la comunidad científica y la sociedad. Recordó que se están cumpliendo 70 años de la Declaración de los Derechos Humanos, y que uno de los derechos humanos planteados, no siempre tan presente, es el acceso a la ciencia. Sin embargo, reflexionando sobre lo que significa el acceso a la ciencia a la que hace referencia la Declaración de Derechos Humanos, dijo que el mundo ha cambiado y que considera que hoy en día el compromiso debe ser mayor.

En aquel entonces el derecho al acceso a la ciencia era poder formar parte de los beneficios de la ciencia, no necesitaba que uno se involucre directamente a la ciencia, sino a que lo que la ciencia produzca, te llegue. Hoy creo que esa interpelación es más fuerte. El ciudadano no sólo tiene que esperar que le llegue el beneficio de la ciencia, tiene que estar preparado para poder aprovecharlo. Eso implica un desplazamiento muy fuerte de acercar a la ciudadanía lo que sucede en la ciencia, y a la ciencia, los problemas de la gente. Ese diálogo de interacción entre lo que el investigador investiga y lo que el ciudadano necesita debe estar cada vez más cruzado, porque a su vez, las soluciones del ciudadano están más implicadas de cuestiones científicas. Ese diálogo de interacción entre lo que el investigador investiga y lo que el ciudadano necesita, debe estar cada vez más cruzado”, remarcó.

Anlló puso como ejemplo el caso de los medios de comunicación y las ‘fake news’, señalando que cada individuo debe estar bien preparado para poder distinguirlas. La capacidad de crítica, de cuestionamiento de lo que se dice, es muy cercana al pensamiento científico.

Un científico nunca se queda con una sola fuente, con un sólo experimento o realidad, sino que busca diferentes alternativas. Si un ciudadano aprende a hacer eso va a ser menos vulnerable y menos maleable”, expresó.

Otro aspecto al que hizo referencia el experto, es la política científica y el presupuesto volcado a la ciencia en la región. Dijo que Unesco cumplió un rol muy fuerte en la consolidación de la política científica y que después de la segunda guerra mundial, junto con la OEA y parte del BID, fueron organismos muy incipientes que trasladaron en la región la necesidad de consolidar e institucionalizar la ciencia.

“En ese momento no existían secretarías de ciencia, ni agencias, ni consejos de ciencia, y eso fue una impronta que con mucho esfuerzo en la región se fue imponiendo y comenzaron a surgir, y hoy hay casi en todos lados, existen, es una ganancia”, dijo.

Y luego empezó la pelea por el presupuesto. Ya en ese momento había documentos desde el principio de los setenta en el que se decía que los países tenían que llegar al 1%, ya en ese momento se hablaba de ese 1% tan soñado, y más de 50 años después, sólo Brasil llegó a ese 1%. Por eso es el peso de Brasil en la región, cuando uno habla del gasto en investigación y desarrollo en la región, estamos hablando de Brasil en cuanto a volumen, luego se suman México y Argentina”, detalló.

Remarcó que la ciencia necesita horizontes sostenibles y estables para poder desarrollarse y crecer, por lo que es muy importante, dijo, que el financiamiento que se otorga a la ciencia en los diferentes países, no se retire. Agregó que es fundamental que la sociedad entienda que los resultados de la ciencia son muy buenos, pero que maduran en ciclos que suelen superar periodos de gobierno e inestabilidades económicas, pero subrayó que la ciencia es una inversión.

Nuestra sociedad, la de Latinoamérica y el Caribe, está tan llena de urgencias que la desesperación hace salir a cubrir los primeros baches, y muchas veces nos impide y nos quita la perspectiva del mediano y largo plazo. Y la ciencia está situada ahí. El desafío hoy, de seguir consolidando esa posición para visualizar eso. Hoy necesitamos tener ciertas certidumbres de que estamos atendiendo y atacando problemas de lo cotidiano. La ciencia no tiene que dejar de visualizar que esa obligación moral que tiene con la sociedad está presente y la sociedad tiene que hacer ese contrato con la ciencia de saber que tiene que esperar esos plazos, porque me va a garantizar que cuando llegue ese futuro haya problemas que ya tengan respuestas”, concluyó.

Ambos esperan que en esta nueva edición del Foro CILAC permita el desarrollo de un mayor número de iniciativas y propuestas, pero que a su vez, puedan crecer e implementarse.

Texto: Alexandra Perrone

Entrevista: Gustavo Villa


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Científicos del Experimento Atlas, contaron sus experiencias con el colisionador de hadrones

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Reina Camacho y Carlos Sandoval expusieron en Montevideo.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 Estuvieron de visita en Montevideo dos investigadores del “Experimento Atlas”, que se desarrolla en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), el acelerador de partículas de mayor energía hasta ahora construido, ubicado en el Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN), en Suiza.

Fue allí donde se descubrió hace pocos años la partícula Bosón de Higgs y se están verificando teorías sobre los agujeros negros, el origen del Universo, la antimateria, la materia oscura y la posible existencia de otras dimensiones, entre otras.

El Atlas es uno de los siete detectores de construido en el LHC. Su tamaño es de 46 metros de largo y 25 de diámetro y pesa unas 7.000 toneladas. En el proyecto están implicados unos 3.000 científicos e ingenieros de 175 instituciones pertenecientes a 38 países diferentes.

El ATLAS es un detector multipropósito; se espera que revele partículas muy masivas no detectables anteriormente y que aporte luz a nuevas teorías físicas. Su diseño es el más complejo desarrollado hasta la fecha.

Del equipo de ATLAS llegaron hasta Uruguay, convocados por la organización “Físicos sin Fronteras”, los científicos Reina Camacho y Carlos Sandoval Reina Camacho es investigadora del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) en Francia, en el Laboratorio LPNHE y es miembro del experimento ATLAS desde 2009. Es licenciada en Física por la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela y doctora en física de la Universidad Blaise Pascal, Clermont Ferrand, Francia.

Carlos Sandoval es profesor de la Universidad Antonio Nariño de Bogotá, Colombia y es investigador ATLAS desde el 2010. Realizó su doctorado en la Universidad de Hamburgo y estudió Física en la Universidad Nacional de Colombia.

Durante su visita a nuestro país, Camacho y Sandoval brindaron una serie de charlas y talleres, con el objetivo de difundir a nivel masivo la actividad científica, fomentar el interés por la Física y divulgar los hallazgos y las investigaciones de los grupos que trabajan en el LHC.

 

Entrevista: Gustavo Villa


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IIBCE incorpora citómetro de flujo de última generación de más de medio millón de dólares

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El equipo permite aplicaciones biotecnológicas en múltiples líneas de investigación y se trabaja en la firma de un acuerdo con OSE.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            El Servicio de Clasificación Celular y Citometría de Flujo del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (SECIF-IIBCE) adquirió este año un citómetro de flujo y clasificador de última generación MoFlo Astrios EQ (Beckman Coulter) en el marco del proyecto titulado “Detección, análisis y clasificación en flujo a escala nanométrica: Aplicaciones a nivel biológico, biotecnológico, ambiental e industrial”. La incorporación se realizó a través de la financiación de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), el IIBCE (MEC), y el apoyo del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).

 

 

El coordinador del servicio, Gustavo Folle, contó a SobreCiencia que los citómetros son instrumentos que miden células y a diferencia de las observaciones celulares que se pueden realizar en un microscopio óptico de luz. En esta tecnología de última generación las células pueden observarse en una corriente líquida, lo que permite analizarlas a una velocidad muy elevada. Agregó que con esta herramienta se pueden analizar hasta setenta mil eventos, o sea, setenta mil análisis por segundo.

Tiene la característica de que puede estudiar muchas propiedades de las célula al mismo tiempo, o sea nos da información de su tamaño, de su complejidad y a su vez de una cantidad de marcadores que nosotros tenemos estrategias para detectar. Este equipo, por ejemplo, puede detectar doce propiedades diferentes del elemento que estemos analizando, sea una célula o una partícula subcelular, al mismo tiempo”, dijo Folle.

Por otro lado, es también un clasificador celular, el único equipo en la región que tiene seis vías de clasificación. Yo puedo separar de una composición heterogénea, por ejemplo de células que conforman un tejido celular, puedo separar seis poblaciones diferentes de células al mismo tiempo, algo muy importante para desarrollar estudios específicos de cada linaje celular”, detalló.

El científico contó que en el SECIF fue pionero en la incorporación del primer citómetro/clasificador de flujo del Uruguay y que viene trabajando en la materia hace unos veinte años. Agregó que el citómetro anterior ya estaba presentando problemas operativos y una discontinuación de los repuestos.

Esta nueva herramienta permitirá continuar los estudios que se venían realizando y a su vez ampliar el panorama de análisis, permitiendo desarrollar estudios de alta calidad académica, competitivos a nivel internacional.

Folle destacó que viene trabajando con colegas argentinos y que la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires fue una de las instituciones que los apoyó en la solicitud del equipo.

Este equipo viene dotado con un módulo, un dispositivo especial que permite analizar partículas muy pequeñas, cinco mil veces más pequeñas que un milímetro, cosa que no pueden desarrollar los citómetros comunes. Entonces vamos a poder utilizar el equipamiento para análisis bastante profundo a nivel microbiológicos. Por ejemplo la microbiología marina. Y estamos por firmar un acuerdo con OSE para estudiar algunos aspectos de la calidad del agua. “También se puede utilizar para ver la calidad de los efluentes en los diversos procesos industriales, porque tiene un rango de aplicación muy importante”, aclaró.

El experto destacó muy especialmente la nueva mirada de la ciencia a las denominadas microvesículas, pequeños elementos que liberan las células que contienen biomarcadores e incluso información genética, y que se están estudiando actualmente con enorme profundidad.

Folle indicó que estas microvesículas son de un tamaño muy pequeño y pueden ser detectadas y a su vez clasificadas por este equipo, lo cuál va a permitir un análisis muy profundo de cuál es su verdadero contenido, y a partir de esa información, se podrá conocer cuál es la misión que cumplen; una de las grandes preguntas de hoy en el ambiente científico.

En el Servicio de Clasificación Celular y Citometría de Flujo hay cuatro integrantes en operación directa con el manejo de este equipo. Ellos son, además del coordinador Gustavo Folle, Beatriz López Carro (técnico especializado en citometría de plantas), Federico Santiñaque (técnico especializado en citometría de flujo y clasificación celular) y la Rosana Rodríguez Casuriaga, investigadora asociada y especialista en el análisis de células meióticas.

Tenemos dos vertientes, una es la de servicio donde nos traen muestras y nosotros las analizamos y brindamos un resultado, y por otro lado está la parte de investigación, que también es un componente muy fuerte, realizamos los estudios en conjunto con los investigadores, analizando los procesos de preparación del material que a veces son muy críticos, como el análisis de los resultados”, contó.

Respecto a qué laboratorios del Iibce utilizan esta herramienta, Folle detalló los que sectores que están más implicados en investigaciones científicas que requieren del citómetro de flujo.

“Ya naturalmente lo utilizaban varios departamentos y laboratorios del Iibce. Ahora, directamente implicados en el inicio del proyecto, está el Departamento de Biología Molecular, que es con los que estamos desarrollando los estudios de reproducción, conjuntamente con el Departamento de Genómica, con el que vamos a desarrollar el estudio de las microvesículas, y también con el Departamento de Bioquímica y Genómica Microbiana, que ellos investigan bacterias asociadas al crecimiento vegetal. Y también con el Departamento de microbiología que fundamentalmente vamos a encarar estudios de microbiología acuática”, detalló.

Finalmente, el científico contó que este equipo se compró en el marco del llamado a grandes equipamientos científicos que desarrolla la ANII junto al Iibce.

El costo total fue de unos 560 mil dólares. El 80% fue la ANII, el 20% el Iibce, y además contaron con el apoyo adicional del Pedeciba.

Quería destacar la importancia de la formación de recursos humanos, el manejo de estos equipos. Si no tenemos técnicos e investigadores altamente capacitados en el manejo de instrumentos complejos, no sirve de nada. Tiene que ir a la par el apoyo, y quiero destacar a la ANII en esto de ir equipando al país con instrumentos complejos que nos permiten avanzar muchísimo en crear conocimiento original. Pero también el apoyo que brindan tanto las instituciones como la ANII en la formación de recursos humanos que son indispensables para la operación de estos equipos”, concluyó.

Texto: Alexandra Perrone


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Premio Nobel de física a los científicos que descubrieron las herramientas hechas con luz

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Hallazgos que revolucionaron la física del láser.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               La Real Academia de las Ciencias de Suecia concedió el Premio Nobel de Física al estadounidense Ashkin, el francés Gérard Mourou y la canadiense Donna Strickland.

El premio, que está dividido en dos: la mitad para Arthur Ashkin, que inventó lo que se denomina como “pinza óptica” tras descubrir en la década del 70 que las fuerzas creadas por la luz láser eran capaces de capturar y manipular partículas, y la otra mitad para Gérard Mourou y Donna Strickland, quienes desarrollaron un método para generar pulsos ópticos de alta intensidad. 

Horacio Failache integrante del Instituto de Física de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República (UdelaR), contó a SobreCiencia en qué consisten estos hallazgos que revolucionaron la física del láser.

Failache contó que si bien esos hallazgos tienen cosas en común que refieren a la utilización del láser de relativa potencia en sistemas biológicos, son bastante diferentes y tienen distintas aplicaciones.

El científico explicó que una pieza óptica es un sistema óptico capaz de tomar y de mover pequeñas partículas desde átomos individuales hasta moléculas o incluso células, ejerciendo una muy pequeña fuerza, un pequeño “empujoncito” a través de un campo óptico, a través de la luz.

Si uno imagina la luz compuesta por pequeñas partículas, que los físicos llamamos fotones, cada vez que llegan a un átomo le dan un empujoncito, al tener un haz de luz muy intenso, uno tiene muchísimas de esas partículas y uno puede realizar una fuerza bastante importante a escala microscópica y puede mover pequeñas partículas. Incluso células, puede manipularlas, verlas en un microscopio, moverlas de un lado para otro, seleccionarlas, moverlas de un lado para otro, y realizar cosas muy complejas y manipulaciones muy complejas con células”, explicó.

Uno puede generar tubos por los cuáles estas partículas se mueven, como una especie de cañerías ópticas, y esto es muy sencillo, porque uno puede manipular muy fácilmente la luz, para generar estructuras de luz complicadas que hagan cosas muy complejas con el movimiento de esas partículas. La luz es muy dúctil en ese sentido”, detalló.

Failache hizo referencia a la técnica denominada Chirped Pulse Amplification (CPA), que le valió el Nobel a Gérard Mourou y Donna Strickland.

Dijo que “Chirped” hace referencia a una frecuencia de sonido que va cambiando a medida que avanza el tiempo, relacionada al sonido que emiten los pájaros, que a veces comienza en un tono grave y rápidamente cambia a un tono agudo.

Como la luz también puede describirse como una onda, lo que estos investigadores utilizan es este tipo de estrategias. Dividir un pulso de luz y distribuir la energía de un pulso de luz en el espectro óptico. Lo que ellos logran es poder amplificar un pulso de luz, que de otro modo no podría hacerse. Porque al querer amplificar un pulso de luz que concentra toda la energía óptica en muy corto tiempo, eso destruye el propio amplificador. Es tanta la energía óptica, que calienta tanto el material que va a amplificar esa luz, que lo termina quemando. La estrategia es que esa energía en vez de concentrarla en un pequeñito intervalo de tiempo, la distribuyen, los diferentes colores de ese pulso de luz los distribuyen a lo largo del tiempo, amplifican todo por separado, y después vuelven a concentrar toda la energía en un pulso muy corto, y tienen ahí una posibilidad de amplificar pulsos a potencias inimaginables”, explicó.

El experto agregó que esa energía concentrada en pequeños intervalos de tiempo (picosegundos, unidad de tiempo que equivale a la billonésima parte de un segundo) puede tener efectos mecánicos ya que es posible ionizar los átomos, volatilizar material y cortar materiales muy duros, incluyendo tejidos biológicos, por lo que esta técnica es muy utilizada en cirugías, principalmente oculares.

Y a nivel de energía estos láser de tan alta potencia abren la posibilidad de realizar lo que se llama la fusión nuclear, que es la posibilidad de producir energía muy barata, lo que realmente resolvería el problema energético de la humanidad. Ya existe un sistema que realiza fusión nuclear con este tipo de láser, ya se están comenzando hacer experimentos de fusión, si bien no se ha logrado producir energía, son investigaciones que están en curso”, contó.

Failache dijo que en la Facultad de Ingeniería hay un grupo de investigadores que utiliza láser de relativa potencia para volatilizar materiales y agregó que su grupo de trabajo utiliza láser de muy baja potencia con el objetivo de obtener información de sistemas atómicos.

Utilizar el láser para interactuar con el sistema y obtener información de él. Nuestro objetivo es estudiar la evolución de sistemas cuánticos, y la forma de interactuar con estos sistemas atómicos es a través de la luz. Hoy en día gracias a las fuentes láser, tenemos la capacidad de tener mucho mejor control de la frecuencia de la luz con la que uno va a interactuar con un átomo. Uno puede saber en todo momento cuál es el color que está interactuando con su átomo, uno tiene un mapa energético del átomo y uno puede mapearlo de ese modo”, detalló.

El científico aclaró que también se pueden realizar experimentos más complejos ya que a través del intercambio de energía se modifican otros parámetros físicos. Por ejemplo, generar propagación en un medio atómico de luz lenta, modificando con la luz el estado cuántico del sistema atómico. “Eso es muy impresionante, porque uno logra que la luz evolucione a velocidades casi que humanas dentro de un medio atómico”, concluyó.

Texto: Alexandra Perrone

Entrevista: Gustavo Villa


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Científica uruguaya dirige Centro de Biodiversidad del Museo de Historia Natural de Nueva York

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El centro busca transformar el conocimiento en acciones de conservación para el futuro de la diversidad biológica, explicó Porzekanski.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      Ana Luz Porzecanski culminó la Licenciatura en Ciencias Biológicas en la Universidad de la República (Udelar) y tras conseguir una beca para estudiantes del extranjero, comenzó a cursar su doctorado en la Universidad de Columbia. Hace cuatro años, y tras quince de experiencia coordinando y liderando proyectos de desarrollo de capacidades de conservación y diseñando materiales de enseñanza para profesores universitarios, que es la directora del Centro de Biodiversidad y Conservación del American Museum of Natural History de Nueva York.

Ana Luz contó a SobreCiencia en qué se basa su trabajo de conservación de especies a través de la comprensión de la biodiversidad y cómo fue su camino para llegar a formar parte de un museo que tiene 34 millones de especímenes.

Ha sido una mezcla de trabajo, de esfuerzo, de suerte y de gran apoyo de parte de mucha gente. Yo me formé en Uruguay, tengo una licenciatura en ciencias biológicas de la UdelaR y tuve mentores maravillosos allí. Inclusive, el doctor Enrique Lessa y varias personas que pasaron por su laboratorio. Ellos me entusiasmaron para buscar oportunidades para hacer un doctorado afuera, y uno de los lugares a los que me presenté fue efectivamente al museo, que tenía una beca especial para estudiantes internacionales. Eso te permitía hacer un doctorado en una de las universidades locales y trabajar con uno de los investigadores del museo. Y en 1996 me vine para acá a hacer el doctorado. Además, tenía un novio americano en ese momento, que es mi marido de veinte años ahora, y entonces como que todo apuntaba acá. Hice el doctorado en la Universidad de Columbia, que queda acá en Nueva York también, estudiando evolución de aves”, contó.

Me mantuve en contacto con el Centro para Biodiversidad y Conservación y me contrataron cuando terminé el doctorado para ayudarlos a coordinar y manejar proyectos de capacitación y entrenamiento en conservación. El programa creció y eso me llevó a muchos lugares del mundo muy interesantes; y hace unos cuatro años, me convertí en la directora del centro”, repasó.

La experta dijo que es muy importante comprender cómo evolucionó la vida en la Tierra para entender por qué tenemos esta diversidad hoy en día en el planeta. Y conocer qué tipo de dinámicas, de ecosistemas han permitido que esta diversidad evolucione, para poder mantenerlas en el futuro.

El Centro para la Biodiversidad y la Conservación en la que trabaja Ana Luz tiene el objetivo de transformar el conocimiento desde diversas fuentes y perspectivas y abarca áreas de investigación científica, así como el conocimiento tradicional y local en acciones de conservación.

Mi investigación al principio estaba muy enfocada a una mirada hacia el pasado, entender cómo habían evolucionado diferentes grupos de aves en Sudamérica a largo plazo, a una escala temporal zoológica. Pero en estos días me preocupa mucho más que va a pasar de acá para adelante y cómo podemos asegurarnos de que la diversidad puede seguir evolucionando y respondiendo a los cambios ambientales, sean naturales o sean creados por los seres humanos. Y lo que estamos haciendo de alguna manera los seres humanos es seleccionando especies que están mejor adaptadas a vivir con nosotros. Por ejemplo, hay especies de aves que casi desaparecieron de la ciudad de Nueva York. Después por esfuerzos de conservación regresaron y ahora están muy adaptadas a vivir en edificios y a alimentarse de presas que existen en la ciudad y han tenido un resurgimiento. Mientras que hay otras especies, especialmente organismos que viven en bosques, bosques tropicales, o humedales, que están muy adaptados a esos ecosistemas y que no les va a ir muy bien si empezamos a modificarlos, porque evolucionaron de forma muy específica con esos ecosistemas”, explicó.

La científica contó que actualmente trabaja gestionando y supervisando diferentes proyectos, que abarcan líneas de investigación desde cómo se van a adaptar los animales a los cambios climáticos hasta cómo las comunidades locales de seres humanos han aprendido a manejar los cambios climáticos y ambientales a los largo de milenios.

Esto es una de las cosas que podemos hacer, entendiendo las procedencias evolutivas de los animales o las plantas, podemos proyectar cuál es el mejor, la mejor forma de ayudarlos, de sostener su forma de vida hacia el futuro. Una de las publicaciones que sacamos este año, que fue muy influencial, habla de cómo incorporar los valores culturales que tiene la naturaleza para estas comunidades en los objetivos de desarrollo sostenible que se están usando a nivel internacional por la ONU y otros. Muchos objetivos tienen que ver con cómo asegurarnos por ejemplo de que hay agua limpia, que la gente tiene acceso al agua, y muchas de las decisiones que tomen las comunidades tienen que ver con su cultura local y cómo usan esos recursos, y eso a veces no está reflejado en los indicadores que se usan para estos objetivos, y nosotros estamos trabajando para que eso sea más comprensivo”, agregó.

Respecto a si continúa el vínculo con nuestro país, Ana Luz destacó que si bien no tuvo la posibilidad de desarrollar un proyecto de investigación con Uruguay, aún se mantiene en contacto con sus colegas del Museo de Historia Natural en Montevideo.

Agregó que en sus primeros años tuvo la suerte de trabajar en programas con Bolivia y Perú, que la tuvieron muy en contacto con Latinoamérica.

En los últimos años he liderado las colaboraciones del Museo con Cuba, que ha sido una experiencia maravillosa, hemos liderado expediciones, exhibiciones. Con Uruguay no he logrado desarrollar un proyecto de investigación o conservación, sin embargo me mantengo en contacto con los colegas del Museo de Historia Natural en el Montevideo, tratando de apoyar en lo que sea posible. Me encantaría explorar más opciones, si alguien que escucha el programa me quiere escribir, es fácil encontrarme en Internet”, dijo.

Texto: Alexandra Perrone

Entrevista a Ana Luz Porzecanski


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