Ciencia en el Vaticano: ¿El papa Francisco entiende si le hablo de CRISPR? Por Lorena Díaz

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Lorena Díaz

La visita del papa Francisco a nuestro país coincide, en algunos días, con la realización del #CongresoFuturo2018 (entre 15 y el 21 de enero).

El interés de los medios por cubrir e informar acerca de estos dos eventos ha sido claramente dispar, lo cual es consecuencia directa del conjunto de medidas adoptadas por el gobierno ante la visita papal, comenzando por la rápida aprobación del feriado del día 16 de enero para la Región Metropolitana.

Los avances científicos y tecnológicos, y el vínculo de estos con la sociedad, la cultura, la salud, el trabajo, la política y el desarrollo sustentable, son materias que aún parecen ser “menos populares” y son relegadas al último lugar de nuestra lista de prioridades.

Ciencia y religión han sido enfrentadas históricamente bajo el argumento de “diferencias irreconciliables”, partiendo por la incompatibilidad entre la teoría darwiniana de la evolución y el creacionismo religioso.

Sin embargo, la Iglesia Católica se ha pronunciado en más de una ocasión con la intención de conciliar este conflicto, reconociendo la veracidad de la teoría de la evolución “en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente -pero la fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios[1]. Esta postura fue reiterada por el papa Juan Pablo II [2] y, más recientemente, por el papa Francisco al aclarar que “Él creó a todos los seres y los dejó desarrollarse según las leyes internas que dio a cada uno para que llegaran a su plenitud[3].

La Iglesia Católica no es una institución negada ni desactualizada en lo que a ciencias se refiere, contrario a lo que muchos podrían pensar. De hecho, la academia de ciencias más antigua del mundo es la Academia Pontificia de Ciencias, fundada el año 1603. Para tener una referencia, la Royal Society de Londres fue conformada el año 1660, mientras que la National Academy of Sciences de Estados Unidos fue fundada en 1863.

El académico de la Universidad Católica, Rafael Vicuña

La Academia Pontificia es la única academia de ciencias supranacional, con 36 países representados en sus 80 miembros vitalicios, dentro de los que se encuentra el chileno Rafael Vicuña. El bioquímico, doctor en filosofía y ex decano de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica es miembro de la Academia Pontificia desde el año 2000 y, a partir de 2009, forma parte de su Consejo Directivo. Además, en 2014 fue convocado a participar en el Consejo Pontificio de la Cultura, donde junto al filósofo francés Jean-Luc Marion, son los únicos laicos.

La Academia Pontificia de Ciencias sesiona dos veces al año en Roma y, en conjunto con la Academia de Ciencias Sociales y el Consejo de la Cultura, asesoran e informan al papa en ejercicio sobre los temas contingentes. Según Vicuña, la Academia Pontificia no es ‘la voz’ del Vaticano en ciencias, sino una muestra de que la Iglesia se interesa en el avance de la ciencia. Y agrega que “en el caso de Francisco, él ha manifestado un interés muy especial por nuestro trabajo[3].

El papa Francisco ha promovido la discusión en torno a la dignidad del hombre, proponiendo temas como el de los narcóticos, el desarrollo sustentable, el cambio climático, la contaminación del aire y el tráfico de órganos. En la última plenaria, por ejemplo, Vicuña comenta que tuvo que exponer acerca de la modificación genética de embriones[3], un tema tremendamente controversial desde las primeras publicaciones sobre la tecnología CRISPR-Cas9.

Stephen Hawking, miembro vitalicio de la Academia Pontifica de Ciencias desde 1986.

Desde la vereda de la comunidad científica, la participación activa en la Academia Pontificia se remonta a sus primeros años, cuando Galileo Galilei fue incorporado en 1610. Más tarde, los premios Nobel de física Max Planck (1918), Niels Bohr (1922) y Werner Heisenberg (1932), también formaron parte de la Academia. Así mismo lo hicieron los premios Nobel de fisiología Alexander Fleming (1945) y Rita Levi-Montalcini (1986).

Actualmente en la Academia Pontificia participan los premios Nobel David Baltimore (fisiología y medicina, 1975), Ada E. Yonath (química, 2009), Shinya Yamanaka (fisiología y medicina, 2012) y Robert Eric Betzig (química, 2015), entre otros, además de científicos connotados como Stephen W. Hawking, Beatrice Mintz, Yves Coppens y Francis Collins.

El que una institución como la Iglesia Católica, fuertemente enraizada en su tradición e ideología, con el alcance que tiene su postura sobre los católicos -que se estima alcanzan cercadel 31% de la población mundial[4]– muestre preocupación por mantenerse al día con respecto a la ciencia y la tecnología, es una señal muy positiva.

A pesar de que hoy la iglesia se percibe como arcaica y desactualizada, desconectada con los tiempos modernos y con los cambios sociales que experimenta el mundo -lo cual es cierto en muchos aspectos-, al parecer sí existe preocupación por mantenerse al día en el ámbito de los avances científicos. Más aún, saber que su máxima autoridad recibe asesoría respecto a estos temas de manera periódica y que existe completa libertad para discutirlos en todos sus aspectos, puede ayudar a derribar algunos de los prejuicios que tenemos frente a esta institución y sus representantes.

Llevándolo al ámbito político, sería deseable que un presidente contara con esta asesoría, un comité de expertos de diversas áreas de las ciencias naturales y de las ciencias sociales, que expongan sobre las problemáticas actuales y logren llegar a una postura consenso respecto a ellos. Especialmente en el Chile de hoy, una iniciativa de este tipo se agradecería enormemente.

Referencias:

[1] Pio XXI.Vaticano II. Carta Encíclica Humani Generis del Sumo Pontífice Pio XXI “Sobre las falsas opiniones contra los fundamentos de la Iglesia Católica”. 12 de agosto de 1950, Roma, Italia. Obtenido de:http://w2.vatican.va/content/pius-xii/es/encyclicals/documents/hf_p-xii_enc_12081950_humani-generis.html

[2] Juan Pablo II. Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II a los miembros de la Academia Pontificia de Ciencias. 22 de octubre de 1996, Ciudad del Vaticano, Roma, Italia. Obtenido de: http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/messages/pont_messages/1996/documents/hf_jp-ii_mes_19961022_evoluzione.html

[3] Vergara, P. & Vial, M. S. “El papa en su dimensión más cotidiana y en la de los grandes temas que hoy lo preocupan” [en línea]. El Mercurio, domingo 24 de diciembre de 2017. <http://impresa.elmercurio.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-12-24&dtB=24-12-2017%200:00:00&PaginaId=16&bodyid=10> [consultado: 2 de enero 2018].

[4] PewResearch Center.The Changing Global ReligiousLandscape [enlínea]. 5 de abril de 2017. <http://www.pewforum.org/2017/04/05/the-changing-global-religious-landscape/> [consultado: 5 de enero 2018].

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Un partido que no podemos perder (si lo jugamos con la buena pelota) Por Andrés Navas

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Andrés Navas

Nuestro país se ha autoimpuesto un enorme desafío: pasar de un modelo de desarrollo básico y extractivista a uno que se apoye en el conocimiento, la ciencia y la innovación. En pro de esta tarea han surgido iniciativas de diversa índole (blogs de difusión, organizaciones, etc), como por ejemplo Chile Científico, EtilMercurio, Más Ciencia para Chile y el recientemente constituido Consejo de Sociedades de Ciencias Exactas y Naturales.

En este escenario, el Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo ha querido dar un impulso aún mayor a este cambio cultural implementando el sitio interactivo Más Goles Para Chile. En un intento deconectar con la mística de nuestros últimos triunfos futbolísticos (…), allí se recogen testimonios de proyectos que apuntan en tal sentido, especialmente en lo que concierne a seis retos para el desarrollo muy bien concebidos: salud conectada, resiliencia ante desastres, minería verde, laboratorio natural, energías limpias y agua para todos.

Se trata, sin duda alguna, de una iniciativa extraordinaria, que debemos apoyar con todas nuestras fuerzas. Sin embargo, hay un detalle muy visible en esta plataforma sobre el cual vale la pena detenerse: el diseño del imagotipo (logo).

¿Ha visto alguna vez una pelota tapizada con hexágonos?

El modelo clásico del balón, aquel que incorpora 20 hexágonos blancos y 12 pentágonos negros (la famosa “pelota de los 32 cascos”), fue ideado por Adidas a fines de los años 60. Genéricamente, estos balones llevan el nombre de Telstar, honrando con ello el primer satélite comercial de comunicaciones de la historia, el cual tenía un diseño geométrico y una coloración similar (fue gracias a ese satélite que el mundial de 1970, el último de Pelé, pudo ser seguido en directo por televisión en casi todo el mundo).

Geométricamente, un balón Telstar corresponde a un objeto denominado icosaedro truncado esférico. El icosaedro es uno de los cinco poliedros regulares convexos que existen, a saber, aquel de 20 caras triangulares.

El icosaedro truncado se obtiene al cortar las puntas del icosaedro a lo largo de planos bien posicionados, de modo que tras el corte todas las aristas tengan la misma longitud. Dichos cortes hacen brotar las caras pentagonales y transforman lascaras triangulares en hexagonales.

Tal como señala el gran Carlos Caszely en este simpático video promocional, ahora solo basta “inflar” este objeto para tornarlo esférico y, de ese modo, obtener el tan venerado balón de fútbol.

¿Por qué no se puede hacer una pelota con todas sus caras hexagonales y regulares?

Cada ángulo de un hexágono regular mide 120º, por lo que al juntar tres de ellos en un vértice común formarán un ángulo total de tres veces 120º, es decir, 360º, que es un ángulo completo. Dicha configuración es, por lo tanto, plana, por lo que usando este tipo de hexágonos no podremos jamás “cerrar” un poliedro. Debido a esto, no es posible construir una pelota con todas sus caras hexagonales regulares.  Es necesario,entonces,introducir caras con ángulos menores (cada ángulo de un pentágono regular mide tan solo 108º).

Y si variamos la forma de los hexágonos, ¿aún es imposible?

Al autorizar estos cambios, estamos sacando nuestro problema del ámbito puro de la geometría y llevándolo al terreno de una teoría muy profunda: la topología. Para esta, no son las medidas y formas lo fundamental, sino las propiedades ligadas a las configuraciones de objetos. Afortunadamente, el primer resultado de esta teoría, obra del genio suizo Leonhard Euler (1707-1783), nos permite resolver el enigma de la pelota. Se trata de la famosa igualdad:

V – A + C = 2,

la cual es válida para cualquier poliedro convexo de V vértices, aristas y C caras. A modo de ilustración, a continuación aparece una lista de varias configuraciones en las cuales se constata rápidamente esta ley.

V A C V – A + C
Tetraedro 4 6 4 2
Cubo 8 12 6 2
Octaedro 6 12 8 2
Dodecaedro 20 30 12 2
Icosaedro 12 30 20 2
Balón Telstar 60 90 32 2
Balón Jabulani 36 54 20 2
Balón vóleibol 32 48 18 2

 

Sabiendo esto, intentemos ahora dividir un balón en piezas hexagonales de modo que, por ejemplo, converjan tres hexágonos en cada vértice. Si utilizamos C hexágonos, entonces cada una de estas caras aporta 6 vértices, por lo que tenemos una cantidad total de 6C vértices. Sin embargo, como en cada vértice convergen 3 hexágonos, estamos contabilizando 3 veces cada vértice. Por lo tanto,

V = 6C / 3 = 2C

Por otra parte, cada hexágono aporta 6C aristas, pero ellas son contabilizadas 2 veces (una vez por cada hexágono que delimitan). Consecuentemente,

A = 6C / 2 = 3C

Calculamos entonces:

V – A + C = 2C – 3C + C = 0,

lo cual está en contradicción con la igualdad de Euler.

 

Si autorizamos que converjan más de 3 hexágonos en algunos vértices, no habremos resuelto el problema. Por el contrario, tendremos que

V – A + C  0,

lo cual sigue siendo imposible.

La naturaleza “topológica” de la imposibilidad anterior queda de manifiesto en el hecho de que otros cuerpos sí pueden ser descompuestos en hexágonos, tal como se exhibe más abajo. Por lo mismo, el espacio “toroidal” en el cual ocurre esta descomposición tiene una configuración intrínsecamente diferente de la esférica, noción que es capturada por la topología a través de un número, la “característica de Euler” (la cual es igual a 2 para la esfera y 0 para la “dona” o “toro”).

Tratándose de leyes matemáticas, estas operan tanto a nivel macro como microscópico. En nanotecnología, por ejemplo, todo lo anterior es muy conocido en relación a las nuevas formas alotrópicas de carbono conocidas como fullerenos: mientras las moléculas del futbolenoasumen la disposición de una pelota Telstar (ilustración a izquierda abajo), el grafeno se articula en configuraciones planareso tubulares puramente hexagonales (ilustración a derecha).

Esto ha permitido establecer un hermoso puente de comunicación entre científicos, matemáticos, ingenieros, arquitectos y artistas visuales.

Una historia ya conocida

La historia de la pelota mal hecha no es nueva. En Inglaterra, el país donde se inventó el fútbol, las señales de tránsito que indican la presencia de un terreno de juegocercano incurren en el mismo error. Ante esto, el matemático Matt Parker ha reaccionado solicitando al Parlamento que considere la modificación de estas señales. Para ello, ha lanzado una campaña de recolección de firmas en que promociona en:

Así como diversos estudios señalan que los chilenos entendemos poco de lo que leemos, lo que se conoce como analfabetismo funcional, sería interesante indagar si también sufrimos de otros analfabetismos, como el relacionado con la percepción geométrica. Sería también muy útil estudiar si este último problema se ha visto agravado en los últimos años por la escasa presencia de la geometría en el currículum escolar, junto con la supresión de la trigonometría.

Es contra este mismo tipo de problemas que Matt Parker lucha en Inglaterra, esperanzado en lograr las cien mil firmas que necesita para que el Parlamento discuta su petición en sesión de sala. Ciertamente, sería difícil en Chile exigir tal nivel madurez política para enfrentar un problema que, en estricto rigor, se reduce a cambiar hexágonos por pentágonos…

Sin embargo, tratándose de un espacio de conversación científica, hubiera sido deseable que el logo de Más Goles Para Chile hubiese sido modificado en el momento en que se les notificó el error de su diseño.

La divulgación y la promoción de la ciencia requieren de la interacción entre numerosos actores, y los artistas y diseñadores están llamados a jugar un rol fundamental en esta tarea.

Foto principal: ESPN

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El lugar de la ciencia y la investigación en los programas de gobierno de Piñera y Guiller Por Jorge Blake

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Jorge Blake

Alejandro Guillier y Sebastián Piñera dedican una sección específica dentro de su programa a Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI). Ambos han convocado equipos para desarrollar este aspecto programático. Al mismo tiempo, sin embargo, sus programas reflejan un cierto estancamiento creativo y posiblemente un diálogo insuficiente con el mundo científico.

La mayor parte de sus propuestas relacionan la investigación con la generación de tecnologías y su impacto sobre el desarrollo económico y la productividad del país, mostrando todavía un importante vacío en relación a otras dimensiones culturales, políticas y cotidianas en las que la ciencia puede tener un impacto significativo. La investigación académica y profesional en ciencias sociales, artes, humanidades, ciencias básicas, teóricas y en general el lugar de la investigación impulsada por curiosidad están casi totalmente ausentes de ambos programas.

En el caso de Piñera, en todo el programa (de más de 200 páginas), existe sólo una mención a otras formas de conocimiento y dimensiones sociales dentro de la discusión sobre CTI.

En el texto se señala que “es necesario aumentar y crear nuevos fondos concursables para potenciar las capacidades académicas y de investigación en ciencia, tecnología, humanidades y creación artística, abiertos a toda entidad de educación superior con ciertos niveles de acreditación (…) Sabemos que los cambios se harán presentes en todos los ámbitos de la vida social, desde la economía hasta la demografía y desde la organización de nuestros hogares y las ciudades hasta la salud, la educación y las formas de organizar nuestra vida política y el Estado (…) en última instancia todos ellos dependen de nuestra capacidad de desarrollar la ciencia y la tecnología, así como la innovación y el emprendimiento, que son las formas de aplicar creativamente los avances científicos y tecnológicos”.

Por su parte, en el programa de Guiller también existe sólo una alusión, incluso más escueta que la del programa de Piñera, a esta temática. Se declara que “el gasto en CTI debe procurar el desarrollo de todas las áreas del saber, pero también debe canalizar recursos hacia la I+D+i para enfrentar grandes retos nacionales”. No hay ninguna mención previa o posterior a esta referencia que especifique a qué «otras áreas del saber» se refiere y cómo se procurará su desarrollo.

No es novedad que el enfoque vinculado a “demand pull” o “CTI por misión” (versus “science push”) prima en las propuestas de los candidatos. Así, por ejemplo, en el ámbito de la atracción e inserción de investigadores beneficiados con becas de posgrado, Alejandro Guillier propone que las becas estén orientadas a las áreas prioritarias para el desarrollo productivo.

Este enfoque es transversal a su toda su propuesta, buscando que la investigación tenga un mayor impacto en la economía, en la línea de lo recomendado por el Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo (CNID) en esta materia. En este sentido, el programa de Guiller afirma:

“Fortaleceremos, pero también rediseñaremos algunos instrumentos como Becas Chile, dando énfasis a áreas prioritarias para el desarrollo productivo, el progreso social y la sustentabilidad”

El candidato también ha señalado:

(…) Hemos propuesto trabajar fuertemente el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación, particularmente en aquellas áreas donde Chile tiene avances significativos.    La minería, el cobre, el litio y otros productos más. Proponemos un Ministerio de la Ciencia y la Tecnología que promueva políticas consistentes y, por tener cargo de ministerio, puede impulsar y coordinar con otros ministerios para hacer más sólida esa política de desarrollo”[1]

Dentro del ámbito de la formación de capital humano, Piñera también pone énfasis en la inserción en la industria, mediante “doctorados de orientación profesional”. A diferencia de Guiller, en lugar de hablar de “áreas prioritarias”, el programa de Piñera hace referencia a “desafíos sectoriales colectivos” y “retos nacionales”, que no son especificados en áreas concretas.

A nivel de becas y financiamiento, el programa de Piñera propone flexibilizar las rendiciones de cuentas, diversificar los concursos y simplificar sus bases de postulación, incluyendo hacer concursos especiales para académicos de larga trayectoria. Esto último ilustra la posición del candidato frente la tensión entre la demanda por más recursos para instrumentos competitivos y de carácter individual, versus privilegiar recursos para políticas de colaboración y financiamiento estructural a través de universidades e instituciones públicas.

Dicha política de financiamiento orientada a la competencia concuerda con el lugar atribuido globalmente a la ciencia dentro del programa de Piñera como puntal de la economía:

 “Nuestros emprendedores son vitales para el crecimiento del país y podrán contar no sólo con el dinamismo de la economía y un sistema tributario pro inversión, sino también con la modernización del Estado (…) Junto a ello, estarán nuestros esfuerzos por promover el desarrollo de la ciencia, la tecnología, la innovación, el emprendimiento y la competitividad, y una especial preocupación por fortalecer a nuestras pymes.”[2]

Finalmente en materia de institucionalidad, la mayor parte de la propuesta de Guiller representa una continuidad respecto del gobierno de Bachelet. Por su parte, la propuesta de Sebastián Piñera, de crear un Ministerio de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación, representa un cambio respecto a la propuesta de mover CONICYT al Ministerio de Economía planteda en su primer gobierno.

Lo que esta revisión podría dejar ver como diferencia (relativa) entre ambos candidatos es su visión de la relación entre ciencia, productividad y desarrollo. Para Piñera, la ciencia todavía aparece mayormente vinculada con la productividad. Por su parte, para Guiller dicha conexión se establece más bien con la idea de desarrollo, donde la productividad podría ser una consecuencia.

En ambos casos, se extraña una reflexión más profunda sobre el conocimiento en sus múltiples formas; sobre el valor de la curiosidad en la investigación, más allá de las aplicaciones tecnológicas o la resolución de problemas prácticas. Se trata de consideraciones que la comunidad de científicos e investigadores insistentemente han puesto sobre la mesa en el debate sobre ciencia, institucionalidad y desarrollo que se viene dando desde hace tiempo en nuestro país, pero que parecen todavía no haber alcanzando a entrar en la agenda de los candidatos.

 Referencias:

[1] Cita del debate presidencial sobre Ciencia, Tecnología e Innovación organizado por Congreso Futuro, 14 de septiembre de 2017.

[2] Programa de gobierno de Sebastián Piñera disponible en http://programa.sebastianpinera.cl/

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Sobre ciencia, cultura y comunicación Por Lorena Díaz

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Lorena Díaz

La ciudad de Córdoba, cargada de historia y espíritu navideño, fue la sede escogida para el VI Congreso de Comunicación Social de la Ciencia (CCSC) organizado por la Asociación Española de Comunicación Científica (AECC) los días 23, 24 y 25 de noviembre de este año. Con la consigna “Ciencia y cultura: viejos retos, nuevos medios”, el CCSC2017 se enfocó en la ciencia como elemento cultural y en el valor cultura científica en el fortalecimiento de una sociedad democrática, informada y participativa.

La AECC se constituyó el año 1975, incluso antes que la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT, 2001), que depende del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad. Así como en Chile, en España no existe un Ministerio de Ciencia como tal, sin embargo, tienen una Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, encabezada por la bioquímica Carmen Vela, y un Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) liderado por la doctora en química, Rosa Menéndez.

La falta de un ministerio español de Ciencia y Tecnología (CyT), luego de que en el año 2011 el antiguo Ministerio de Ciencia e Innovación fuera absorbido por el Ministerio de Economía con la llegada de Mariano Rajoy a la presidencia, fue una de las primeras discusiones surgidas a partir de las mesas redondas, considerando que ya se cuenta con instituciones como el FECYT y el CSIC que dependen del Ministerio de Economía y reciben un presupuesto administrado por dicha cartera.

Detalle del selfie de la comunicación científica en España.
Detalle del selfie de la comunicación científica en España.

Además, se instaló el debate acerca de la formación del futuro ministro (a), si debiera ser un investigador, un economista o un político -muy similar a la conversación que tenemos en Chile. Cabe mencionar que la anterior Ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, es una empresaria con formación en biología.

Portugal, que también estuvo presente en el CCSC2017, posee desde 1995 un Ministerio de Ciencia, Tecnología y Enseñanza Superior, encabezado por el matemático Nuno Paulo de Sousa. Del ministerio depende la Agencia para la Cultura Científica y Tecnológica, conocida como “Ciencia Viva”, que posee 19 centros de cultura científica a nivel nacional, de donde la mayoría eran fábricas, monasterios, granjas, edificios y cárceles abandonados que fueron restaurados y reutilizados por la agencia. De hecho, la presidenta de Ciencia Viva, Rosalía Vargas, se retiró del congreso de forma anticipada ya que en Portugal el 24 de noviembre es el Día Nacional de la Cultura Científica, que se celebra con actividades en todos los centros del país, tal como el Día Nacional de los Científicos cada 16 de mayo.

Ciencia, cultura, arte, música y ¿humor?

El arte y la cultura fueron temas recurrentes en el CCSC2017, teniendo el primer día una mesa redonda con la poeta Clara Janés (@ClaraJans), el comediante David Broncano (@davidbroncano) y el biólogo Miguel Delibes, conversando acerca de la emoción como motor de la curiosidad científica y de cómo llegar a un público menos especializado con un mensaje atractivo sobre ciencia, pero no por eso menos verídico ni preciso -uno de los mayores desafíos de la comunicación y la divulgación de la ciencia.

El cierre del segundo día de mesas redondas y sesiones orales comenzó con un divertido duelo de astrocoplas entre el astrofísico Manuel González (@manolux4444 y @BigVanCiencia) y la intérprete Natalia Ruiz (@bynzelman). La astrocopla es una invención científico-musical que enseña sobre astronomía al ritmo de la copla andaluza, un tipo de canción española dedicada al desamor, los celos y la tragedia. Así, bajo la premisa de “El espectáculo de comunicar ciencia”, el público aprendió un poco sobre ondas gravitacionales, el observatorio LIGO y el telescopio Hubble, de boca de un astrofísico poseído por el espíritu de la popular cantante Rocío Jurado. Justo antes, los actores del Instituto de Ciencia y Teatro (@InCiTe_) presentaron su obra “El don de la intuición, una historia sobre Parkinson” en donde, junto con relatar el descubrimiento de la enfermedad por el médico británico James Parkinson, realizaron una clase magistral sobre la etiología, neurología y farmacología asociadas al mal de Parkinson.

Sin ciencia (y sin comunicación) no hay cultura

Varias universidades de las principales ciudades españolas poseen Unidades de Cultura Científica (UCC), creadas en el Año Nacional de la Ciencia (2007), cuya misión es comunicar y divulgar las investigaciones desarrolladas dentro del ámbito universitario y promover la culturización de la ciudadanía en temas de CyT. En estos espacios trabaja un alto porcentaje de los comunicadores y periodistas científicos en España, acorde a los datos presentados por la AECC en la “Selfi de la Comunicación Científica 2017” [1] dada a conocer en el cierre del congreso. El promedio de edad es de 44 años, un 52,7% son hombres y un 47,3% son mujeres, y en cuanto a formación se tiene: 29,3% periodistas, 51% carreras científico-técnicas y el resto proviene de una formación en ámbitos heterogéneos como ciencias sociales o económicas. Las plataformas más utilizadas son el periodismo digital, ya sea personal, en prensa o corporativo, y las redes sociales (Facebook y Twitter).

Las UCC organizan sus propias actividades de divulgación y comunicación científica con investigadores de la universidad y, además, participan en iniciativas más grandes como la “Noche Europea de los Investigadores” de la Unión Europea, que se celebra hace 8 años en más de 300 ciudades de la región y que consiste en una jornada tarde-noche en que investigadores locales muestran su trabajo a los residentes de la ciudad y les explican cómo estas investigaciones pueden ayudar a mejorar su calidad de vida, con el objetivo de fomentar la entrada a carreras científicas. No obstante, según Miguel Delibes, uno de los panelistas de la mesa redonda “Sin ciencia no hay cultura”, en los científicos todavía existe esa duda sobre si la ciencia es realmente cultura, y es algo que debemos solucionar primero de manera interna.

Según José Antonio López Cerezo, profesor de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Oviedo y Coordinador General de la Red de Cátedras CTS+I (Ciencia, Tecnología, Sociedad + Innovación) de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), que participó como panelista de la mesa “Cultura científica y ciudadanía democrática”, la cultura científica tiene 3 ejes que pueden ser medidos a través de las encuestas de percepción que realiza el FECYT: el puramente cognitivo que tiene que ver con la alfabetización en ciencia y el conocimiento meta científico, el de actitud hacia y valoración de la CyT, y otro de comportamiento que tiene relación con el consumo de información de CyT y su uso cotidiano.

Si bien durante el CCSC2017 los proyectos de comunicación científica ligados a las nuevas tecnologías y los divulgadores usuarios de redes sociales fueron los protagonistas, también se buscó reivindicar el importante rol de los museos de ciencia en la difusión del conocimiento y trabajo científico. Estas instituciones han debido adaptarse a los tiempos modernos para atraer al público joven y volver a despertar el interés de las generaciones más antiguas, al mismo tiempo que lidian con un presupuesto escaso y un respaldo débil por parte del Estado. Los museos de ciencia en todo el mundo tienen la tarea no menor de recibir diariamente en sus instalaciones a grupos de escolares ansiosos por conocer más acerca de ciencia, historia y patrimonio, lo que los sitúa como actores de suma relevancia en el desafío de generar cultura científica en la población. Nuestros museos nacionales son un claro ejemplo de esta realidad.

Por parte de Latinoamérica, el representante argentino Pedro Haedo del Programa Nacional de Popularización de la Ciencia y la Innovación habló acerca de los 10 años del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, y de las iniciativas de divulgación científica que se realizan principalmente en colegios con la colaboración de los docentes, y con la asesoría de investigadores y estudiantes de carreras científicas de las universidades. La situación de la CyT en Argentina no es óptima, especialmente con respecto a las condiciones laborales de los investigadores, sin embargo, poseen una institucionalidad relativa a CyT -respaldada por un cuerpo legislativo- que sirve como plataforma para el desarrollo de actividades de divulgación y promoción de cultura científica.

De hecho, una de las invitadas más celebradas en la mesa redonda “¡Cómo está el sector!” fue Nora Bär (@norabar), destacada y consagrada periodista científica del diario argentino La Nación, que destacó la importancia de establecer la incertidumbre como parte fundamental de la ciencia y de enseñar al público no especializado acerca del método científico para promover la construcción del pensamiento crítico.

En esta misma mesa redonda, donde también estaba la periodista y directora de Materia del diario español El País, Patricia Fernández de Lis (@pflis), surgió el siempre encendido debate acerca de la diferencia entre comunicador, divulgador y periodista científico. En breve, divulgador y periodista científico cumplen un rol de comunicador de la ciencia, la mayor diferencia radica en que el periodista realiza un trabajo de investigación, casi siempre con múltiples fuentes de información, previo a la publicación de un material que es inédito y de creación propia, generalmente en el contexto de una editorial. Por otro lado, un divulgador científico se dedica más bien a la traducción de artículos (papers), investigaciones y descubrimientos científicos, con tal de acercar esta ciencia al público -lo cual es una labor que no es menor ni menos valorada- y tiene mayor libertad de formato, pudiendo utilizar videos, podcasts y radio, entre otros.

Proyecciones positivas

El CCSC2017 cumplió con el objetivo de reunir un numeroso y diverso grupo de comunicadores científicos, con cerca de 400 asistentes de diferentes países de Iberoamérica, y de poner sobre la mesa los temas contingentes que movilizan al rubro en la actualidad. Se hizo un análisis crítico del presente de la comunicación social de la ciencia, la revolución de las redes sociales y la evolución de las temáticas de interés popular, y se fijaron metas realistas para el futuro próximo, debatiendo sobre la arremetida de las pseudociencias, la post verdad y las fake news, la era de la desinformación y la necesidad de mayor cultura científica.

El congreso fue también una vitrina excelente para conocer nuevas modalidades y estrategias de comunicación y divulgación de la ciencia, desde charlas en bares, obras de teatro, ferias nocturnas, intervenciones urbanas, musicalización de la ciencia, concursos escolares científico-tecnológicos, jornadas con investigadores, entre muchas otras que podrían ser implementadas en Chile sin mayores complicaciones. Por último, se anunció la sede del congreso para el año 2019: Murcia, a cargo de la UCC de la Universidad de Murcia.

Refrencia:

[1] http://www.aecomunicacioncientifica.org/selfi-de-la-comunicacion-cientifica-en-espana-2017/

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Desafíos para la inserción de jóvenes doctores Por Ignacio Ormazábal

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Ignacio Ormazábal

La situación de la ciencia chilena ha llegado a un punto de inflexión determinado por la discusión proyecto de ley (PdeL) que crea el MinCyT. Como es sabido, el actual PdeL solo pretende definir el marco institucional del sistema, por lo que las definiciones políticas que determinarán soluciones a los actuales problemas se discutirán en un segundo proceso. 

Durante el proceso de discusión y realización de indicaciones al PdeL, se identificaron una serie de temas que prefiguran una agenda de temas “desafío” para la generación política pública. Entre estos temas encontramos el aumento progresivo del presupuesto para la ciencia y la tecnología, desarrollar mecanismos de descentralización efectiva, abordar desafíos de educación científica y difusión de la ciencia, y mejorar las condiciones laborales de trabajadores de la ciencia. Una de las aristas relacionadas a este último es la inserción de investigadores jóvenes, que a la luz de las últimas cifras, hace necesario hacer una revisión.

Actualmente las alternativas más recurrentes para continuar trabajando, luego de adquirir el grado de doctor, son: los concursos de inserción en academia y sector productivo, para transitar de la flexibilidad a la estabilidad laboral en alguna institución o empresa, y la otra es concursar a proyectos de iniciación de investigación o proyectos de postdoctorado, “estirando el elástico” de la flexibilidad.

 

El Programa Atracción e Inserción de Capital Humano Avanzado (PAI) ha sido uno de los tantos esfuerzos para lograr la inserción, permitiendo que nuestro país tenga actualmente 1 investigador científico cada 1.000 trabajadores, de acuerdo a las estadísticas publicadas anualmente por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) [1]. Sin embargo, esta cifra está muy por debajo del promedio de los demás países OCDE, el cual corresponde a 8,3 investigadores cada 1.000 trabajadores.

Según la cuenta pública para el periodo 2014-2017 del Mineduc [2], el PAI ha entregado 92 proyectos a instituciones académicas y del sector productivo lo que ha permitido la inserción de 92 nuevos doctores al sistema nacional el año 2016. Si sumamos la convocatoria del año 2017 y los nuevos concursos de Redes e instalación en la academia [3], tenemos que 198 investigadores tienen formas de continuar su camino como investigador. Sin embargo no es suficiente si observamos el número de graduados al año [4], pues desde el 2012 en adelante es a lo menos 2 veces mayor a las oportunidades actuales y va en aumento. Esta alza en los graduados es tal, que la proyección de graduación de doctores al año para el año 2020 es de 1.065 doctores [5]. Esta cifra se complementa con los con el aumento progresivo que tiene la matrícula de programas de doctorado, la cual se ha duplicado entre los años 2006 y 2016 [6]. En resumen la cantidad de personas que logran insertarse por medio de este programa es menos de la mitad y va disminuyendo.

La otra opción son los Fondos Fondecyt para investigadores postdoctoral y Fondecyt de iniciación, donde las cifras entre los años 2007 y 2017 reflejan una dura realidad. Para el concurso de postdoctorado la tasa de aprobación ha bajado desde un 60% hasta un 30% en los últimos 10 años, lo que es grave considerando que la cantidad de postulaciones ha aumentado más del 1000%, ya que el 2007 se registran 58 postulaciones y al 2017 955 postulaciones.  Por otra parte para los proyectos de iniciación, las postulaciones en este periodo se han triplicado (de 357 a 1151 postulaciones) y la tasa de aprobación ha bajado desde un 50% hasta un 30%. Lo más preocupante de las cifras para este fondo, es que el porcentaje de beneficiados con Fondecyt de inicio que logra adjudicarse un Fondecyt regular es de menos del 10% en la actualidad [6,7]. Nuevamente tenemos que las posibilidades de mantenerse en investigación disminuyen.

El desafió para los futuros investigadores

 Con esta situación, la primera pregunta que emerge es ¿Con estos antecedentes, queremos realmente que se sigan formando investigadores para el país? Cuestionamiento a mi juicio válido, pero que desvía el foco de la conversación si consideramos que hay acuerdo general en que el desarrollo de CTi debe aumentar en el país, por tanto la formación de investigadores es fundamental. Entonces la pregunta correcta seria ¿Como queremos que sea la formación de investigadores e investigadoras? y ¿Como queremos aporten al chile del futuro? Como somos parte del sistema de ciencia y tecnología tenemos gran responsabilidad en proponer cambios necesarios, por lo que debemos pasar del diagnóstico de la situación al debate de ideas y propuestas, para ser un actor en el diseño e implementación de políticas de corto y mediano plazo.

Para nosotros, una política de formación de profesionales debe pensarse en el marco de un Plan o Política Nacional de desarrollo, que considere desde el proceso de formación hasta su posterior inserción en instituciones académicas, centros de estudio, el Estado y el sector productivo. De esta manera se asegura una retribución adecuada y pertinente a las necesidades de nuestro país, además de ser coherente con una estrategia de desarrollo de largo plazo. Aquí toman relevancia los institutos de investigación del estado, los programas de modernización e inclusión de investigadores al estado y la iniciativa de centros de investigación regionales. Esta forma de pensar la inserción, en la cual el estado configura y fortalece su órgano dedicado a la investigación, prefiguran la necesidad de una “Carrera de Investigador”, que considere la transición de un investigador en formación a un investigador en transición y terminar el proceso como investigador regular.

En este sentido, la focalización de becas para áreas prioritarias son una oportunidad para generar esta planificación si solo si se realiza paralelamente una focalización de la política y fondos de formación de centros de excelencia a esta mismas áreas. Esto permitiría, mientras los y las becarias cumplen su proceso de formación, generar un lugar de inserción que asegure la retribución adecuada  y contribuya a vertebrar el sistema nacional de ciencia y tecnología.

Aquí no debemos perder el norte. En lo particular se trata de aprovechar la investigación, el desarrollo de tecnologías y la innovación como un aporte al desarrollo del país. En lo general, es entender que esto es parte de un proceso mayor en que la humanidad desarrolla el conocimiento con el objetivo de conocer su entorno y buscar soluciones a los desafíos de escala planetaria. Por tanto el apuntar o focalizar el desarrollo de CTi con la idea de aportar al desarrollo del país (o ciencia por misión) debe ser una parte de la apuesta, y no debe perder el equilibrio con la visión de de la ciencia por curiosidad. En definitiva, no se trata de cambiar el foco o de “desvestir un santo para vestir otro” moviendo prioridades, sino de discutir formas que permitan una apuesta diversa, que responda a varios frentes.

Por último, es claro que esto no debe ser responsabilidad sólo del estado, aunque conduzca el proceso a nivel general, sino que también debe haber un aporte significativo del sector productivo y privado.

En los países de la OCDE cerca del 70% de los investigadores con grado de doctor están insertos en el sector privado, producto del interés por hacer inversiones de largo plazo que potencien la innovación en los procesos productivos.

 

Actualmente en Chile pareciera que no es posible debido a la falta de interés por parte de este sector, o incluso falta de audacia debido a que opera la idea de tener las mayores ganancias, al corto plazo y con la menor inversión posible.

Con este panorama el desafío para quienes trabajamos por generar cambios para la ciencia chilena y el país, radica en la elaboración de un acuerdo amplio que incluya a los actores relevantes del sistema de CyT y la sociedad, que permita la profundización y documentación de propuestas para este y otros temas igual de relevantes para fortalecer el sistema nacional de  CyT. La invitación es a generar y participar de los espacios de encuentro y conversación como asambleas, reuniones de asociaciones y sociedades, encuentro con las agencias u organismos del estado para ser actores partícipes de los cambios que se necesitan.

//www.compareyourcountry.org/science-and-technology?cr=chl&lg=es&page=0

Referencias:

  1. Datos OCDE: http://ift.tt/2k9aP6O
  2. Cuenta publica Mineduc 2014-2017: http://ift.tt/2Bx2tK6
  3. Sobre nuevos concursos: http://ift.tt/2kaqMcL . Sobre adjudicación del programa de Inserción para el 2017: http://ift.tt/2BuuKkG
  4. Total Graduados de Doctorado por año de obtención del grado
    CONICYT Nacional, CONICYT Internacional y Becas Chile: http://ift.tt/2k5Sh7c
  5. Evaluación de Instrumentos de Inserción de Investigadores en la Industria, revisado en: http://ift.tt/2BuuKBc
  6. Estos datos han sido recolectados de Conicyt, Minecom, Mineduc y otras fuentes. Están disponibles en el repositorio de ANIP: http://ift.tt/2k7vqbA
  7. Los gráficos de estos datos se pueden observar en: https://twitter.com/ANIP_Chile/status/924746819879559170

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