NARRAR LA CIENCIA HOY

Publicado en Revista Persea
Léelo completo en su sitio:
https://www.revistapersea.com/editorial/narrar-la-ciencia-hoy

María Eugenia Esté

22/6/2017

Ilustración Ada Peña
Ilustración Ada Peña

Persea. Divertido, bello, útil e inspirador

Cuando iniciamos el proyecto de la revista Persea discutimos en principio dos cosas básicas: cuál es el estilo narrativo que nos gustaría tener y a quién queríamos o deberíamos dirigirnos. Nuestra directora afirmaba con vehemencia que deseaba desarrollar un espacio para darle voz a las investigaciones en América Latina con suficiente libertad para contar la relación del científico con su proyecto de trabajo y atraer con eso al público curioso, de mirada crítica y atenta hacia la ciencia.

La concepción de que la comunicación pública de la ciencia se dirige al público en general no especialista en temas científicos ha sido contestada por los imperativos de segmentación de público que son regla estratégica común tanto en los medios como en el mercadeo de ideas, productos y servicios. El público en general no existe y para comunicar la ciencia, como para comunicar cualquier clase de contenidos, hay que imaginar el tipo de lector y de diálogo que se desea establecer con él o ella.

Antolín Sánchez. Serie Paisajes existenciales. La gente existe. 1992Antolín Sánchez. Serie Paisajes existenciales. La gente existe. 1992

 

A pesar de la conciencia creciente de involucrarse en ese diálogo, narrar la ciencia y la tecnología al público no especialista sigue siendo un reto al tiempo y la disposición de los investigadores.

Ya sea por razones de formación ciudadana, de justificación ante los pagadores de impuestos de los recursos públicos o privados para la investigación, por la necesidad de contestar y contrarrestar la charlatanería pseudocientífica, ya sea por la promoción ante el público de sus trabajos de investigación, los científicos se asimilan hoy con menos resistencia y más placer a la tarea de comunicar la ciencia y establecer diálogos con los no científicos.

Hace una década, el experto en estrategias de comunicación de la ciencia Pierre Fayard (2008) comparaba la divulgación científica con las guerras libradas en los campos de Rusia, donde Napoleón y Hitler se toparon con su nivel de incompetencia.

Napoleón en Rusia. 
Napoleón en Rusia

 

Los cosacos, a los que había que vencer y convencer, no se presentaron al combate y sus adversarios morirían derrotados por el frío en las vastas estepas euroasiáticas. A semejanza de los cosacos desvaneciéndose en las estepas, decía Fayard, los no especialistas no acuden masivamente a la cita de los comunicadores de ciencia, de manera que ni siquiera un ámbito mínimo de interacción es posible.

De esa fecha a estos días, mucho se ha debatido sobre la importancia de la cultura científica en un mundo sometido cada vez más a las certezas e incertidumbres de las fuerzas producidas en los laboratorios de ciencia e innovación tecnológica.

Tanque panzer alemán en el invierno ruso.  
Tanque panzer alemán en el invierno ruso.  

 

Sin embargo, el periodismo científico acusa hoy el riesgo de desaparecer completamente de las páginas de los diarios acosados como están por las crisis financieras y conceptuales del periodismo en general.  CNN, por ejemplo, cerró recientemente su apartado de ciencia para dedicarlo exclusivamente a asuntos ambientales; el The Boston Globe anunció también la eliminación de su suplemento de salud y ciencia; y, en fin, los mayores y más importantes periódicos del mundo recortan espacio a la cobertura de la ciencia y las noticias científicas.

El Global Science Journalism Report del año 2013 establece para ese momento dos tendencias básicas de la situación del ejercicio del periodismo científico: 1) la crisis del modelo de negocio tradicional de la prensa escrita a escala global y; 2) el desarrollo de estrategias de PR (relaciones públicas) y comercialización de la ciencia.

Ese mismo año, en el marco de la 8va. Conferencia Mundial de Periodismo Científico, el director del portal SciDev.net, Nick Perkins, contestaba la afirmación del corresponsal de noticias científicas de la BBC, Pallab Ghosh, sobre la crisis del periodismo científico en las naciones de Occidente, haciendo referencia a las diferencias de percepción entre los profesionales de distintas regiones del mundo.

El resultado de una encuesta entre 1000 periodistas científicos de países en desarrollo revelaba que, a pesar de la crisis que afectaba otras partes del mundo y la insatisfacción por sus propias condiciones de trabajo, los encuestados se mostraban optimistas acerca del futuro del periodismo científico, particularmente en América Latina, el Caribe y el África Sub-Sahariana (Bauer et al., 2013).

Es pues una perogrullada afirmar que el periodismo científico sigue hoy el camino trazado por los medios electrónicos para el periodismo en general, pero la tendencia de los grandes medios, e incluso de las revistas especializadas en la divulgación científica, parece ser la de migrar todo el ámbito de la información sobre ciencia y tecnología a lo digital, y más específicamente al formato del blog.

Comunicadores de la ciencia.
Comunicadores de la ciencia.

 

En consecuencia, los blogs de ciencia se multiplican sin cesar.  Esto permite no sólo mucha más interacción con el lector sino también la incorporación de video-blogs, imágenes, podcasts e hipertextos. El auge de los blogs de ciencia parece estar también relacionado con una mayor comprensión por parte de los investigadores e instituciones de ciencia de la necesidad de involucrarse directamente en la comunicación pública de la ciencia, apropiándose de un modelo continuo que desarrolla mecanismos institucionales para articular la producción de conocimiento científico con las capacidades e intereses de la gente.

En los debates sobre comunicación pública de la ciencia, los estudiosos de la comunicación han persistentemente reclamado a los científicos el papel preponderante y privilegiado que tienen como generadores de primicias.

A pesar de la dudosa vigencia del tubazo en el periodismo, vale pena mencionar la reflexión que de Argelia Ferrer Escalona (2005), a la sazón Directora General de Medios de la Universidad de Los Andes hasta el 2004, sobre las posibilidades y limitaciones de los gabinetes de ciencia de las universidades y centros de investigación para convertirse en los promotores inmediatos, sin mediaciones, de los procesos y resultados de sus investigaciones.

En este sentido, Ferrer señalaba que la comunicación al público reclama un compromiso institucional ineludible que tiene que ir de la mano tanto de alianzas estratégicas con periodistas, comunicadores y medios, como de la capacitación de los científicos para comunicar la ciencia al público.

A las dificultades propias de la comunicación de un discurso especializado que no debería someterse meramente a la estrechez de la vulgarización, se añade el hecho de que los científicos fundan sus afirmaciones dentro de los límites establecidos en el protocolo de la investigación y en la incertidumbre de proyecciones y resultados futuros que les permitan ampliar el rango de aplicación de sus hipótesis.

Por ejemplo, la investigadora Catherine Wu, oncóloga y hematóloga que desarrolla una serie de estrategias de inmunoterapia para la cura del cáncer se refiere a ello como “una reacción compleja que involucra a todas las ramas del sistema inmune, así que probablemente un tratamiento homogéneo, una especie de talla única para todos los pacientes, no va a funcionar.” Esta manera de hablar puede estar reñida con la expectativa ciudadana que quiere escuchar afirmaciones y resultados indubitables.

La ciencia es una manera de generar conocimiento fiable, pero es también un mecanismo para poner en duda los resultados de una investigación. Esta es la incómoda paradoja que se asoma en la manera como los científicos expresan su trabajo al público.

Contextualizar los resultados de una investigación exponiendo las hipótesis y estrategias del trabajo fue la fórmula que los comunicadores encontraron para salirle al paso a esta dificultad de base.

Algunas voces más atrevidas como Jorge Wagensberg, físico y hasta el 2005 exitosísimo director del museo de la ciencia de la Fundación la Caixa en Barcelona, o el otrora editor de la revista electrónica Edge, John Brockman, plantearon además la necesidad de exponer no sólo las hipótesis sino, sobre todo, las preguntas tras un proyecto de investigación científica.

Wagensberg, por ejemplo, lo expresó felizmente con el siguiente aforismo: “si la naturaleza es la respuesta, cuál era la pregunta.”. Y Brockman, quien afirmara que la ciencia es la única novedad frente a la recurrente historia de guerras y confrontaciones políticas del mundo, fundó una revista digital que anualmente invita científicos, artistas y pensadores de variadas disciplinas a proponer y responder la pregunta más importante de cada año.

En el 2010 planteé la necesidad de que la comunicación pública de la ciencia se apropiara de las estrategias de la publicidad y el mercadeo a fin de crear contenidos significativos para la experiencia de la gente. Era imperativo en consecuencia, usar un estilo narrativo que conectara con las capacidades e intereses de los públicos para abrir la posibilidad de sostener un diálogo en torno a los problemas científicos y tecnológicos.

Arte batido. 
Arte batido. 

 

Revisando hace poco la manera como las marcas exitosas posicionan sus productos y servicios, nos topamos nuevamente con la idea ya mil veces reiterada de que los contenidos que la gente quiere conservar son aquellos que le aportan valor y con los cuales encuentra alguna conexión emocional. No es bueno, bonito y barato lo que posiciona un contenido entre la infinita corriente de contenidos que fluyen por la red. El nuevo mantra de las marcas exitosas es divertido, útil, bello e inspirador.

De manera que, atendiendo a estas tendencias de éxito, en Persea estamos tras el reto de narrar la ciencia de manera divertida, útil, bella e inspiradora.  Invitamos a los investigadores científicos, a los desarrolladores de tecnologías y a los comunicadores de la ciencia a sumarse a este proyecto contando las preguntas que animan sus trabajos, las hipótesis que persiguen, cuán divertido, útil, bello e inspirador es lo que hacen y los resultados que de ello obtienen.

Para saber más

  1. Bauer, M. et al. (2013), Global Science Journalism Report. London : SciDev.net. URL: http://www.scidev.net/global/evaluation/learning-series/global-science-journalism-report.html
  2. Fayard, P.(2008), ¡Los Cosacos nunca acuden a la cita! URL: http://www.comprendreetappliquersuntzu.com/2008/02/estrat%C3%A9gia-para-la-divulgacion-cientifica.html
  3. Ferrer, A. (2005), Tenemos la primicia: Contemos la ciencia universitaria. Mérida: SaberULA. URL: www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/16412/1/primicia.pdf
  4. Naughton, J. (2012), John Brockman: the man who runs the world’s smartest website. En: The Observer. https://www.theguardian.com/technology/2012/jan/08/john-brockman-edge-interview-john-naughton
  5. Wagensberg, J. (2008), Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta? Barcelona: Tusquets Editores, S.A
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