Llamaradas en TRAPPIST-1

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TRAPPIST-1

Ilustración artística del sistema planetario TRAPPIST-1. Crédito: ESO/N. Bartmann.

Resulta que la estrella TRAPPIST-1 podría ser un hogar terrible para los planetas del sistema anunciados a comienzos de 2017.

La estrella TRAPPIST-1, una enana roja, y sus siete planetas causaron revuelo en febrero cuando se descubrió que tres de los planetas rocosos se encuentran en la zona habitable. Pero ahora, nuevos datos sugieren que la estrella es demasiado inestable para que exista vida en sus planetas.

Las enanas rojas son mucho más débiles que el Sol, pero también viven mucho más. Sus vidas se miden en billones de años, en lugar de miles de millones. Sus largas vidas los convierten en objetivos interesantes para la búsqueda de mundos habitables. Pero algunos tipos de enanas rojas pueden ser muy inestables cuando se trata de su magnetismo y llamaradas.

Un nuevo estudio analizó los datos fotométricos de TRAPPIST-1 que fueron obtenidos por la misión K2 de Kepler. El estudio del Observatorio Konkoly, y que fue liderado por el astrónomo Krisztián Vida, sugiere que las llamaradas de TRAPPIST-1 son demasiado frecuentes y demasiado potentes como para permitir que se forme vida en sus planetas.

El estudio identificó 42 eventos de llamaradas fuertes en 80 días de observaciones, de los cuales cinco tuvieron máximos múltiples. El promedio de tiempo entre las llamaradas fue de solo 28 horas. Estas llamaradas son causadas por el magnetismo estelar que causa que la estrella libere repentinamente una gran cantidad de energía. La mayor parte de esta energía es emitida en el rango de rayos X o ultravioleta, aunque las más fuertes se emiten en luz blanca.

Aunque es verdad que el Sol puede emitir llamaradas, las cosas son muy diferentes en el sistema de TRAPPIST-1. Los planetas en ese sistema están mucho más cerca de su estrella que la Tierra del Sol. La erupción más poderosa observada en estos datos es comparable a la llamarada más poderosa observada en el Sol: lo que conocemos como el evento Carrington, ocurrido en 1859. Fue una tormenta solar extremadamente poderosa en la que una eyección de masa coronal golpeó la magnetosfera de la Tierra, causando auroras boreales visibles en lugares como el Caribe y auroras australes en Santiago de Chile. Estas llamaradas causaron caos en los sistemas de telégrafo alrededor de todo el mundo, y algunos operadores de telégrafos recibieron descargas eléctricas.

La Tierra sobrevivió al evento Carrington, pero el caso sería muy diferente en los mundos de TRAPPIST-1. Esos planetas están mucho más cerca de su estrella, y los autores de este estudio concluyen que las tormentas como el evento Carrington no son incidentes aislados en TRAPPIST-1. Ocurren con tanta frecuencia que destruirían cualquier estabilidad en la atmósfera, haciendo extremadamente difícil que se desarrolle vida. De hecho, el estudio sugiere que las tormentas de TRAPPIST-1 podrían ser cientos o miles de veces más potentes que las tormentas que impactan la Tierra.

Un estudio de 2016 muestra estas llamaradas causarían grandes perturbaciones en la composición química de la atmósfera de los planetas sometidos a ellas. Los modelos de ese estudio sugieren que una atmósfera podría tardar 30.000 años en recuperarse de una de estas poderosas llamaradas. Pero con llamaradas que ocurren cada 28 horas en TRAPPIST-1, los planetas habitables podrían estar condenados.

El campo magnético de la Tierra ayuda a protegernos de los estallidos del Sol, pero es incierto que los planetas de TRAPPIST-1 tengan la misma protección. Este estudio sugiere que los planetas como los del sistema en cuestión necesitarían magnetosferas de decenas a cientos de Gauss (la magnetosfera de la Tierra tiene unos 0,5 Gauss). ¿Cómo podrían los planetas de TRAPPIST-1 producir una magnetosfera lo bastante fuerte para proteger sus atmósferas?

Las cosas no se ven bien para los planetas de TRAPPIST-1. Es probable que las tormentas estelares que impactan esos mundos sean demasiado poderosas. Incluso sin estas tormentas, hay otras cosas que podrían hacer inhabitables estos planetas. No obstante, aún son un objetivo interesante para un mayor estudio. El Telescopio Espacial James Webb debería ser capaz de caracterizar las atmósferas de esos planetas, si es que las poseen.

El artículo “Frequent flaring in the TRAPPIST-1 system – unsuited for life?” ha sido aceptado para ser publicado en The Astrophysical Journal.

Fuente: Universe Today

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