¿Vida en las nubes de estrellas fallidas?

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Vida en una enana marrón

Ilustración artística de formas de vida en una enana marrón. Crédito: Mark Garlick/Science Source.

Una abundante nueva variedad de lugares que podrían servir de hogar para la vida… y las vistas son espectaculares. Flotando en la Vía Láctea hay tal vez mil millones de frías enanas marrones, objetos muchas veces tan masivos como Júpiter, pero no lo suficiente para encenderse como una estrella. Según un estudio reciente, las capas de sus atmósferas superiores presentan temperaturas y presiones similares a las de la Tierra, y podrían albergar microbios que naveguen en corrientes termales ascendientes.

La idea surge de la idea de una zona habitable que incluye una vasta cantidad de mundos que previamente no eran considerados. “No se necesita tener inevitablemente un planeta terrestre con una superficie”, dice Jack Yates, científico planetario de la Universidad de Edimburgo en Reino Unido, quien lideró el estudio.

La vida atmosférica no es solo para las aves. Durante décadas, los biólogos han conocido microbios que se dejan llevar por el viento a granes alturas sobre la superficie de nuestro planeta. Y en 1976, Carl Sagan imaginó la clase de ecosistema que podría evolucionar en las capas superiores de Júpiter, alimentados por la luz solar. Sería como plancton aéreo: pequeños organismos que Sagan llamó “hundidores” (“sinkers” en inglés). Otros organismos, denominados “flotadores” (“floaters” en inglés), podrían ser similares a globos y subir o bajar en la atmósfera manipulando la presión de sus cuerpos. En los años posteriores, los astrónomos también han considerado la idea de microbios en la atmósfera de dióxido de carbono sobre la superficie inhóspita de Venus.

Yates y sus colegas aplicaron el mismo pensamiento a una clase de mundo que Sagan no conoció. Algunas enanas marrones frías, descubiertas en 2011, tienen superficies a temperaturas ambientes o menores; las capas más bajas serían realmente agradables. En marzo de 2013, los astrónomos descubrieron a WISE 0855-0714, una enana marrón a solo 7 años-luz de distancia que parece tener nubes de agua en su atmósfera. Yates y sus colegas actualizaron los cálculos de Sagan para identificar los tamaños, densidades, y estrategias de vida de los microbios que podrían arreglárselas para mantenerse en las alturas de la región habitable de una enorme atmósfera con hidrógeno gaseoso como predominante. Si se hunde demasiado se cocina o aplasta por la presión. Si se eleva demasiado alto se puede congelar.

En tal mundo, los pequeños hundidores como los microbios de la atmósfera de la Tierra, o incluso más pequeños, tendrían una mejor probabilidad que los flotadores de Sagan, informaron en el estudio. Pero mucho depende del clima: Si las marejadas de vientos son muy fuertes en las enanas marrones, como parece ser el caso en las bandas de los gigantes de gas como Júpiter y Saturno, las criaturas del cielo pueden forjar un nicho. En ausencia de luz estelar, podrían alimentarse de nutrientes químicos. Las observaciones de las atmósferas frías de enanas marrones revelan la mayoría de los ingredientes de los que la vida terrestre depende: carbono, hidrógeno, nitrógeno y oxígeno, aunque quizá no fósforo.

Vida en Júpiter

Ilustración artística de formas de vida en Júpiter. Crédito: Paul Calle.

La vida es especulativa, pero vale la pena considerarla, dice Duncan Forgan, astrobiólogo de la Universidad de St. Andrews en Reino Unido, quien no participó del estudio pero dice que es alguien cercano al equipo. “Realmente abre el campo en términos de la cantidad de objetos que podríamos entonces pensar, bien, estas son regiones habitables”, indica.

Hasta ahora, solo unas pocas docenas de enanas marrones frías han sido descubiertas, aunque las estadísticas sugieren que debería haber unas 10 a menos de 30 años-luz de la Tierra. Estas enanas deberían ser objetivos para el Telescopio Espacial James Webb (JWST), que es sensible en el infrarrojo donde las enanas marrones más se destacan. Después que se lance en 2018, el JWST debería revelar el clima y composición de sus atmósferas, dice Jackie Faherty, astrónomo de la Institución Carnegie para la Ciencia en Washington, D.C. “Comenzaremos a obtener magníficos espectros de estos objetos”, dice ella. “Esto me hace pensar en ello”.

Probar la existencia de vida requeriría anticipar una fuerte huella espectral de subproductos de los microbios como metano u oxígeno, y luego diferenciarlos de otros procesos, dice Faherty. Otro problema sería explicar cómo podría surgir la vida en un ambiente que carece de interfaces agua-roca, como respiraderos hidrotermales, donde se piensa que la vida pudo haber comenzado en la Tierra. Quizá la vida podría desarrollarse gracias a reacciones químicas en las superficies de granos de polvo en la atmósfera de enanas marrones, o tal vez logró afianzarse apoyo después de llegar a bordo de un asteroide. “Tener pequeños microbios que flotan dentro y fuera de la atmósfera de una enana marrón es genial. Pero hay que llevarlos allí primero”, dice Forgan.

El estudio “Atmospheric Habitable Zones in Y Dwarf Atmospheres” fue publicado en la edición del 20 de febrero de 2017 de The Astrophysical Journal.

Fuente: Science

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