Las bacterias mutantes del espacio

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Tras dos décadas de funcionamiento de nuestro pequeño habitáculo en el espacio, la Estación Espacial Internacional, se siguen descubriendo cosas sorprendentes. Estudios recientes confirmaron que los astronautas que viven allí, a 400 kilómetros sobre la superficie terrestre, no están solos.  La no muy grata compañía corresponde a bacterias que han logrado adaptarse a las condiciones de ingravidez y los altos niveles de radiación.

A comienzos de la era espacial, hace más de medio siglo, no se tenían especiales cuidados y asepsia con los instrumentos y naves enviadas al espacio, de tal manera que esos primeros intentos por conquistar el espacio llevaron consigo a innumerables microorganismos.  Esto planteó un problema nada trivial y es que la búsqueda de vida fuera de nuestro planeta podría verse afectada por el posible transporte de organismos desde la Tierra a otras zonas del sistema solar. 

Surgió entonces la necesidad de controlar de manera precisa las condiciones de la instrumentación, y se desarrollaron salas limpias para hacer la integración y ensamble de todos los componentes de naves y satélites. En estos espacios, se controlan los niveles de contaminación y se establecen protocolos para todas las personas acceden a ellos. De allí surgieron también los modernos quirófanos usados en medicina en cirugías.

Aun con todos los cuidados que actualmente se tienen, se han descubierto bacterias que se escabullen a los estrictos controles y logran llegar al espacio. Una de ellas es la Bacillus safensis que resistió a las labores de descontaminación y es posible que haya llegado a Marte en las misiones enviadas en el 2004. En posteriores experimentos en la Estación Espacial Internacional se concluyo que  esta bacteria, de apenas medio micrómetro de tamaño, crece un 60% mejor allí que en la Tierra. ¡No solo se adapta a ese ambiente, sino que además lo prefiere!  Se esta estudiando que las hace tan especiales desde el punto de vista genómico.

Esta es sin duda una buena noticia para los defensores de la exogénesis, la hipótesis según la cual la vida pudo llegar a la Tierra proveniente del espacio gracias a microorganismos viajeros traídos por cometas que impactaron sobre nuestro planeta. A partir de entonces se abría desarrollado toda la vida que conocemos.

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El tiempo del ruido

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El que fuera uno de los mayores exponentes del arte colonial de nuestro país, el célebre Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos, nacía en Santafé de Bogotá, en el Nuevo Reino de Granada, el 9 de mayo de 1638.

También un día 9, pero del mes de marzo de 1687, sucedía el que para muchos constituye uno de los tres acontecimientos que más alteraron el curso cotidiano de los habitantes de ciudad de Bogotá a lo largo de su historia. Se suma este a los traumáticos eventos del “Bogotazo” el 9 de abril de 1948, y el terremoto del 12 de julio de  1785, que comparten la destrucción de buena parte de la infraestructura capitalina.

El suceso en cuestión, al igual que los dos ya mencionados, causo pánico en la ciudad, tanto así que durante muchos años se realizaron ceremonias religiosas cada 9 de marzo, agradeciendo el no haber sido participes de un aterrador “juicio final”. El horror provino de escuchar un gran estruendo que invadió todos los rincones y puso en alerta hasta al más tranquilo de los habitantes de la ciudad.

Desde entonces se le conoce como “el tiempo del ruido”, expresión que fue calando en la cultura popular de generación en generación, y que aún en la actualidad es usada por algunas personas mayores para referirse a algo muy muy viejo.

Investigaciones recientes apuntan a que en realidad el fenómeno natural fue causado por la entrada a la Tierra de una roca proveniente del espacio exterior. Un pequeño meteoroide habría ingresado a la atmósfera y se fragmento en pequeños bólidos incandescentes. Hoy en día estos fenómenos siguen impresionando a propios y extraños, y su observación en varios rincones del planeta ha convertido a los habitantes de pueblos y ciudades en participes de la llamada ciencia ciudadana, contribuyendo a su caracterización a través de simples fotografía tomadas con sus teléfonos celulares.

Algunas veces es posible incluso percibir un olor a azufre en el ambiente,  que probablemente se sumaba como una señal más del supuesto apocalipsis a finales del siglo XVII.

Y ahora bien ¿Qué relación tiene el recordado artista colonial con el tiempo del ruido ? Todo parece indicar que de Arce y Ceballos pudo haber plasmado en sus cuadros los acontecimientos ocurridos aquel histórico día. Su obra “Santiago patrón de España” muestra en la parte superior a tres ángeles lanzando piedras hacia el suelo, y teniendo en cuenta que en aquella época se creía que los ángeles eran los responsables del movimiento de los cuerpos celestes, la idea es muy sugerente y plausible.

La Tierra, un lugar muy especial

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No debería ser así, pero en ocasiones hacen falta días para recordar que vivimos en un sitio, hasta el momento único, que nos proporciona todo lo que necesitamos para vivir; ese lugar es nuestro planeta Tierra. Desde el 22 de abril de 1970 se celebra el Día de la Tierra, con la intención de hacer un llamado de atención y crear conciencia sobre los problemas ambientales que están afectando las condiciones que hacen justamente de nuestro hogar planetario el mejor lugar para nosotros y las millones de especies vivas.

Las alertas llegan por todos lados, contaminación, superpoblación, deterioro de las condiciones ambientales y de habitabilidad para gran cantidad de esas especies, son solo algunos de los males introducidos por el desmesurado uso de recursos naturales y la falta de planeación con la cual se han venido desarrollando nuestras sociedades modernas.

Siempre he pensado que el mensaje no debería ser un llamado a proteger la Tierra, a salvar el planeta, ya que al fin y al cabo este no va a desaparecer por culpa de los humanos. El sistema solar y todos los cuerpos que lo conforman, han sufrido cambios substanciales desde su formación hace unos 4.600 millones de años.  La Tierra y los planetas han experimentado variaciones extremas en su forma, su temperatura, sus condiciones atmosféricas producto de procesos violentos que han moldeado sus características físicas, y no por ello han dejado de existir y de ser planetas.

Marte, por ejemplo, era un mundo muy diferente en el pasado. Hace millones de años, pudo haber tenido una atmósfera cálida y océanos en su superficie, además de una intensa actividad geológica. La transformación que lo convirtió en un lugar seco, frio e inhóspito pudo en parte depender del Sol, y de los inclementes bombardeos de partículas del viento solar y radiación, que terminarían pulverizando su atmósfera la cual es su mayoría se perdió  en el espacio. Es posible que haya tenido vida microbiana en su superficie pero ahora, de existir, debe estar recluida bajo tierra.

Venus, por su parte, esta azotado por condiciones extremas pese a que en algún momento se estima que pudo ser muy parecido a la Tierra. Ahora es un infierno, con temperaturas superficiales de 500 ºC y presión casi 100 veces superior a la de nuestro planeta.

Es tentador pensar que en algún momento en el pasado, hace unos 3000 millones de años, Venus, la Tierra y Marte, pudieron ser planetas gemelos que compartían condiciones similares, con aguas azules, tierras verdes y nubes blancas, y con formas de vida habitándolos.

Creo que lo importante es asumir cada día la responsabilidad que como forma de vida inteligente tenemos todos los seres humanos, de procurar que las condiciones del planeta no cambien tan drásticamente por nuestras acciones diarias, acciones que rápidamente están acabando con diversos ecosistemas y poniendo en peligro a multitud de seres vivos. Es en definitiva un llamado para protegernos nosotros mismos, sabiendo que nuestra vida y la de nuestros descendientes depende de condiciones muy frágiles, un llamado al instinto de supervivencia que tienen todos los organismos pero que parece que los seres humanos solemos olvidar. La sociedad se resiste a cambiar hasta que dicho cambio se convierte en una necesidad, y esa necesidad ha llegado.

Más allá del borde del abismo

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Tan solo tres años después de la detección de las arrugas en el espacio y el tiempo producidas por dos agujeros negros que se fusionaron hace 1400 millones de años, el mundo se vuelve a sorprender, esta vez con la primera imagen real de un agujero negro.

El descubrimiento en el 2016, fue una confirmación del efecto que tienen los  agujeros negros sobre sus alrededores, creando pliegues en el espacio (y en el tiempo) al moverse aceleradamente. Estas son las llamadas ondas gravitacionales cuyo descubrimiento abrió una nueva ventana para medir el universo y los extraordinarios fenómenos que suceden en él. Toda una revolución, si se tiene en cuenta que llevamos miles de años estudiando el cosmos basándonos principalmente en la luz emitida por los cuerpos, pero las ondas gravitacionales son una nueva herramienta para “escuchar” el universo, que no depende de la luz.

Cuando aun seguimos conmocionados con este hallazgo, ahora nos sorprendemos con la que será sin duda una de las noticias científicas del año, la fotografía de un agujero negro, la vivida imagen de los efectos de la deformación del espacio producida por la enorme masa de uno de estos misteriosos objetos. La imagen revelada esta semana deja ver la silueta del agujero gracias a la luz que logra escapar del foso, es decir de la atracción ejercida por el agujero.

La sorpresa que genera esta imagen no es para menos pues desde hace casi 250 años, cuando se comenzó a concebir la idea de un cuerpo tan denso que ni siquiera la luz escapa de el,  estamos pensando en estos objetos cósmicos, teorizando sobre su forma, sus efectos y, en épocas más recientes, soñando con poder fotografiarlos. Ahora tenemos la primera estampa real de uno de ellos en donde podemos visualizar la curvatura del espacio-tiempo.

Destacados científicos han investigado los posibles efectos que tienen los agujeros negros, en particular Albert Einstein, el gran genio de la física del siglo XX, lo hizo justamente al predecir con su Teoría General de la Relatividad en 1915 lo que le sucedería al espacio y al tiempo al sentir la presencia de un objeto con masa. Ahora se añade una nueva confirmación a esta teoría, comprobando que el espacio en la vecindad de un agujero negro experimenta una deformación que hace que incluso la propia la luz se desvíe, tanto, que el agujero es capaz de no dejarla escapar.

Lograr este hito científico no fue nada fácil. Visualizar un agujero negro, requiere de una colaboración internacional con varios radiotelescopios en diferentes lugares del mundo, y combinar sus observaciones con una técnica llamada interferometría, de forma que sea equivalente a observar con un telescopio del tamaño de la Tierra. Solo así es posible ver este agujero negro que se encuentra tan lejos, que desde nuestro planeta se ve tan pequeño como una naranja en la superficie de la Luna.

Mas de 200 científicos de 40 países hacen parte del consorcio denominado “Event Horizon Telescope”. Su nombre proviene del horizonte de eventos, el límite de la zona alrededor del agujero en donde la materia y la energía ya no pueden escapar y son tragadas por este. Con ayuda de 8 radiotelescopios y un trabajo de dos años, se pudo espiar el agujero negro que habita el centro de la galaxia M87, y registrar la luz en ondas de radio que puede escapar de los límites del agujero. Lo que se observa en la imagen del agujero denominado M87* es literalmente materia caliente – a una temperatura miles de veces superior a la de la superficie solar – emitiendo luz al borde del abismo, que logra escapar a la acción succionadora del agujero.

Esa luz tardó 55 millones de años en llegar a nuestros telescopios, es decir que salió de M87 cuando en la Tierra apenas se estaban formando las grandes cadenas de cordilleras, como el Himalaya. Gracias a la observación de la estructura de la region brillante alrededor del agujero, y a la comparación con simulaciones producto de las ecuaciones de la teoría de Einstein, se puede estimar que M87* tiene una masa de 6500 millones de veces la de nuestro Sol, un verdadero monstruo cósmico con un tamaño comparable al de nuestro Sistema Solar. El análisis de la imagen permite concluir que el agujero negro gira, pero hasta el momento no se ha podido medir su velocidad de rotación y la inclinación del disco de materia que gira alrededor de él.

Se piensa que los agujeros negros super masivos, como se les denomina técnicamente, ocupan el centro de las galaxias. El de nuestra galaxia, la Vía Láctea,  se denomina Sagitario A* y tendría una masa mucho menor, de unos pocos millones de veces la masa del Sol. Nuestro agujero super masivo sigue siendo esquivo ya que su observación se complica al ser mas pequeño y girar la materia más rápido alrededor de él, lo que hace que tenga cambios de brillo en cuestión de días, que dificultan el análisis de los datos. Sumado a esto, la gran cantidad de polvo que hay en la dirección en que lo observamos desde la Tierra, introduce una enorme dispersión de la luz; pero seguramente obtener una buena imagen de el gracias a estas novedosas técnicas será cuestión de tiempo y es la próxima gran meta.

Lo que estamos viviendo hoy por hoy es un gran triunfo del conocimiento que ha logrado desarrollar nuestra especie, y un paso más en nuestro entendimiento del universo en el que vivimos, de la mano con avances tecnológicos en instrumentación, y en procesamiento y análisis de enormes cantidades de datos.

Al borde del abismo

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Tres años después de la detección de ondas gravitacionales producto de dos agujeros negros que se fusionaron hace 1400 millones de años, el mundo se vuelve a sorprender, esta vez con la primera imagen de un agujero negro. La primera detección, en el año 2016, fue una confirmación del efecto que tienen los  agujeros negros sobre el espacio a través de las deformaciones que generan en el, al moverse aceleradamente, las llamadas ondas gravitacionales. La de ahora es la vivida imagen de los efectos de esa deformación del espacio producida por la enorme masa del agujero negro, sobre la luz que logra escapar del abismo, es decir de la atracción ejercida por el agujero.

La sorpresa no es para menos, desde hace casi 250 años estamos pensando en estos misteriosos objetos, teorizando sobre su forma, sus efectos y, en épocas más recientes, soñando con poder fotografiarlos.

Grandes científicos han investigado los posibles efectos que tienen los agujeros negros. En particular Albert Einstein, el gran genio de la física del siglo XX, lo hizo al predecir con su Teoría General de la Relatividad lo que le sucedería al espacio y al tiempo al sentir la presencia de un objeto tan denso. El espacio en la vecindad de este objeto experimentaría una deformación que hace que incluso la propia la luz se desvíe, tanto que el agujero es capaz de no dejarla escapar. Su velocidad de 300 mil kilómetros por segundo no le basta para huir del poder atractor del agujero. Justo eso es lo que se  vuelve a confirmar con la imagen que ahora invade los periódicos, agencias de noticias y redes sociales en todo el mundo.

Para poder visualizar un agujero negro, se requiere una colaboración con varios radiotelescopios en diferentes lugares del mundo, y combinar sus observaciones con una técnica llamada interferometría, de forma que sea equivalente a observar con un telescopio del tamaño de la Tierra. Solo así es posible ver este agujero negro que se encuentra tan lejos, que desde nuestro planeta se ve tan pequeño como una naranja en la superficie de la Luna.

Mas de 200 científicos de 40 países hacen parte de esta colaboración denominada “Event Horizon Telescope”. Su nombre proviene del horizonte de eventos, el límite físico que separa la zona en donde la materia y la energía ya no pueden escapar y son tragadas por el agujero. Esta colaboración, gracias a 8 telescopios y un trabajo de dos años, pudo espiar el agujero negro que habita la galaxia M87, y registrar la luz que puede escapar de los límites del agujero. Lo que se observa en la imagen del agujero denominado M87* es literalmente la materia al borde del abismo, la luz emitida que esta cerca de la orilla y puede escapar de la acción succionadora del agujero. Esa luz tardó 55 millones de años en llegar a nuestros telescopios, es decir que salió de M87 cuando en la Tierra apenas se estaban formando las grandes cadenas de cordilleras, como el Himalaya. Gracias a la observación de la estructura de la region brillante alrededor del agujero, y a la comparación con simulaciones producto de las ecuaciones teóricas, se puede estimar que M87* tiene una masa de 6500 millones de veces la de nuestro Sol, un verdadero monstruo cósmico con un tamaño comparable al de nuestro Sistema Solar.

Se piensa que los agujeros negros super masivos, como se les denomina técnicamente, ocupan el centro de las galaxias. El de nuestra galaxia la Vía Láctea,  se denomina Sagitario A* y tendría una masa mucho menor, de unos pocos millones de veces la masa del Sol. Nuestro agujero super masivo sigue siendo esquivo, y su observación se complica debido a la gran cantidad de polvo que hay en la dirección en que lo observamos desde la Tierra, lo cual introduce una enorme dispersión de la luz; pero seguramente obtener una buena imagen de el gracias a estas novedosas técnicas será cuestión de tiempo.

Lo que estamos viviendo hoy por hoy es un gran triunfo del conocimiento, y un paso más en nuestro entendimiento del universo en el que vivimos.