En el ADN de todos los seres vivos hay muchas secuencias génicas que no codifican proteínas y que durante mucho tiempo se consideraron como “ADN basura”. Hoy se sabe que gran parte de ellas son fragmentos de antiguos virus que infectaron hace millones de años a nuestros antecesores, y han permanecido allí, dispersos entre los genes, influyendo en su expresión y contribuyendo a la evolución de los genomas.
