Colores y luces de otoño

Publicado en Café Científico.
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Por Paula Ximena García Reynaldos 
“Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light.”
-Dylan Thomas, poeta galés (1914-1953)

En el hemisferio norte es de nuevo otoño: el pasado jueves 22 de septiembre a las 9:21 de la mañana (hora del centro del México), ocurrió el equinoccio de otoño, este evento astronómico en el cual el Sol queda en línea con el ecuador terrestre, de modo que por ese día, las horas de luz y oscuridad en la Tierra son las mismas, de ahí el nombre equinoccio que quiere decir “noche igual”.

El equinoccio ocurre para todo el planeta, sólo que en la otra mitad de la Tierra, el hemisferio sur, el cambio de estación va de invierno a primavera. Ahí, en el sur del planeta, después tener un día con horas nocturnas igual a las diurnas, al avanzar las semanas hacia el verano, las noches se irán acortando.

Acá en el hemisferio norte, al avanzar hacia el invierno, lo que se acortarán serán las horas de luz de día y tendremos noches más largas, lo cual es más notable mientras más al norte del planeta estemos.

Esta disminución de cantidad de luz durante el día, también tiene que ver con otro de los cambios con los que más identificamos al otoño: mucho árboles pierden sus hojas, o si no las pierden, éstas cambian el color.

El color verde de las hojas se debe a la clorofila, pigmento producido por las plantas fundamental en la fotosíntesis, el proceso a través del cual producen su propio alimento a partir del dióxido de carbono del aire, el agua del suelo y la luz solar.

Además de la clorofila, las hojas de las plantas pueden contener otros pigmentos de colores diferentes, que sin embargo no son evitentes todo el tiempo: mientras las plantas reciben suficiente cantidad de luz solar el color que muestran en sus hojas es el de la clorofila predominante.

Cuando la luz solar comienza a escasear, como en el otoño, algunas plantas producen menos clorofila y podemos ver los colores de los otros pigmentos: los flavonoides hacen que veamos hojas amarillas, los carotenoides, anarajandas. A medida que avanza el otoño, algunas plantas incluso producen pigmentos diferentes a los que tienen en las estaciones soleadas, como las antocianinas que dan colores rojos oscuro a las hojas. (1)

Pero no sólo los árboles se ven diferentes en el otoño, hay quien piensa que a la par de que los días se vuelven más cortos los atardeceres se vuelven más coloridos.

Atardecer en el Desierto de Mojave, que muestra la separación de los componentes anaranjados de la luz, por la dirección del Sol bajo el horizonte respecto al observador y los componentes azules dispersados en el cielo circundante. (Fotografía de Jesse Eastland, con licencia de Creative Commons, tomada de Wikimedia Commons)

Aunque a decir de Stephen Corfidi, meteorólogo de la Administración Nacional Océnica y Atmosférica de EUA, NOAA, por sus siglas en inglés: “siempre hay buenos atardeceres; sólo que no siempre podemos verlos bien desde la tierra.” (2)

En una entrevista con la revista National Geographic (3), Corfidi explica cómo en los amaneceres y atardeceres por la posición del Sol respecto a nuestra posición en la Tierra, es posible que podamos ver cómo la atmósfera dispersa la luz solar.

El oxígeno y el nitrógeno, principales componentes de la atmósfera de la Tierra, son moléculas muy pequeñas, lo cual influye en la forma en la dispersan la luz del Sol.

Recordemos que la luz que percibimos como blanca está formada por diferentes colores, que corresponden a diferentes longitudes de onda. Los colores azules corresponden a luz de longitud de onda pequeña, mientras que los rojos corresponde a longitudes de onda más grandes.

Así las moléculas pequeñas de la atmósfera al interactuar con la luz del Sol dispersan mejor las longitudes que también son pequeñas, razón por la cual en el día, cuando el Sol nos da directamente, vemos el cielo azul.

Sin embargo al atardecer, cuando la luz del Sol no nos da directamente, sino que tiene que recorrer un camino más largo en la atmósfera para llegar a nuestro ojo, esto da oportunidad de que, al tener que atravesar conjuntos grandes de moléculas pequeñas, sea posible que veamos las dispersiones de la luz en longitudes de onda más largas, es decir en tonos naranjas.

De cualquier forma eso pasa en cualquier estación del año, sin embargo el meteorólogo Corfidi, apunta que es posible que los atardeceres otoñales parezcan más coloridos, por las condiciones del tiempo atmosférico: hay más viento y los días son más secos y la ausencia de humedad en la atmósfera, también favorece que la dispersión de la luz sea hacia los colores naranjas y rojos.

Así, les deseo que ya sea que vivan en el hemisferio norte, o en el sur, puedan disfrutar de muchos atardeceres despejados y coloridos.

Referencias:
(1) The Chemicals Behind the Colours of Autumn Leaves, Compound Interest: http://ift.tt/X2yiVV
(2) The Colors of Sunset and Twilight. Stephen F. Corfidi, NOAA/NWS Storm Prediction Center.
http://ift.tt/JBfxkZ 
(3) Red Sky at Night. The Science of Sunsets. Amanda Fiegl, National Geographic http://ift.tt/16D7wqX

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