Publicado en Ciencia al alcance.
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Muchos son los descubrimientos de las ciencias que por no ser debidamente informados quedan desconocidos, siendo atribuidos luego a otras personas que los “redescubren”, a veces de forma independiente y en otras ocasiones al no mencionar las fuentes originales. Por ejemplo en la edad media era común que los matemáticos que hayaban la manera de resolver problemas no hicieran de conocimiento público sus métodos, y los utilizaran básicamente para impresionar y ganar renombre resolviendo problemas que otros no podían afrontar.
En 1853 el médico francés radicado en CumanáLuis Daniel Beauperthuy estaba encargado de las acciones de control de una epidemia de fiebre amarilla, y entre las conclusiones que se derivaron de su trabajo está publicado un análisis sobre el papel de los zancudos como agentes transmisores de dicha enfermedad. Este resultado era totalmente novedoso e incluso fue presentado ante la Academia de Ciencias de París. Sin embargo no fue valorado adecuadamente, por lo que pasó desapercibido. Más de 25 años después el médico cubado Carlos Finlay llegaría a la misma conclusión, pero su publicación corrió con mejor suerte, y hoy se le reconoce como el descubridor del agente transmisor de la fiebre amarilla. Como vemos, pudo ser mucho antes y en territorio de Venezuela donde se llegó a un descubrimiento tan importante, pero una divulgación inadecuada evitó que el primer descubridor fuera reconocido.
En esta semana que se celebró un año más del nacimiento del eminente médico Beauperthuy, consideramos adecuado rendir este pequeño homenaje deseando que su nombre ocupe el sitial que le corresponde en la historia de la medicina, al lado del gran Carlos Finlay, y remarcando que la ciencia debe estar dedicada no solamente a resolver los problemas, si no también a dar a conocer dichas soluciones.
