Publicado en Ciencia al alcance.
Léelo completo en su sitio: http://ift.tt/2bz9npq
Varias veces hemos escrito sobre un aspecto que nos llama la atención, y es la tendencia de un gran porcentaje de la población a desacreditar los avances tecnológicos y científicos, ensalzar épocas pretéritas, alabar lo “natural” sin comprender o reconocer que nuestro actual estado de avance en todos los aspectos de la vida se han alcanzado gracias a la ciencia y la tecnología, que regularmente es denostada y vilipendiada.
La agricultura no es la única donde vemos esta tendencia a desacreditar a la ciencia y tecnología formales. Por ejemplo, en los recién clausurados Juegos Olímpicos de Río 2016 se pusieron de moda las “ventosaterapias”, sin que haya estudios que certifiquen su valor terapéutico real, como pasa con las llamadas “terapias alternativas” muy en boga, pero con poco basamento real.
Y un último ejemplo lo vemos en las expectativas de vida, que son mucho más altas en las sociedades tecnológicamente más avanzadas a pesar de que están más expuestos a temas de industrialización, mientras que las llamadas “tribus primitivas”, que están en un contacto más cercano al ideal “natural y organico” dicha esperanza de vida es mucho mejor.
Así, hay una tendencia a valorar lo “natural” sin más cuando, por ejemplo, en la naturaleza hay cantidad de venenos y sustancias que son dañinas. Las enfermedades como la viruela son naturales, mientras que las vacunas que permitieron erradicarla son “tecnológicas”.
La etiqueta de que algo sea “orgánico” o “natural” no es una garantía de bueno y saludable, por lo que debemos ser más críticos con este tipo de aseveraciones. Hay que valorar la naturaleza por lo que es, y no creando una publicidad engañosa que en lugar de ayudarla, puede terminar perjudicándola.
