La química contra el asma

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Si alguna vez han estado en alguna situación que les haya dificultado respirar -ya sea bajo el agua o porque les entró algo a la nariz o cualquier otra cosa que les tapara el paso del aire-, deben saber que es una sensación horrible; pero si además han sentido que no pueden respirar aunque estén en una situación “normal”, es decir con mucho aire a su disposición y nada que obstruya visiblemente sus vías respiratorias, lo deben saber porque probablemente son asmáticos -como yo-.

Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el mundo hay 235 millones de personas (1) que padecen asma, enfermedad crónica, cuyas causas no están completamente comprendidas, pero que por lo que se sabe, está influida por tanto por factores ambientales y genéticos: un niño que tenga un padre asmático tiene un 25 porciento de probabilidad de padecerla, mientras que si ambos padres lo son la probabilidad sube al 50 porciento.

En México hay 11 millones de personas que sufren de esta condición no infecciosa, de las vías respiratorias, cuyos síntomas principales son ataques recurrentes caracterizados por falta de aliento y jadeos, cuya severidad y frecuencia cambia de persona a persona. Los ataques pueden ocurrir varias veces en un solo día, o suceder esporádicamente en el transcurso de meses.

Se conocen varios detonantes de los ataques de asma: polvo que se acumula en muebles, caspa o pelo de animales como gatos y perros, polen y mohos, humo de cigarro y por supuesto la contaminación ambiental, sobre todo la producida por ozono. Respirar aire muy frío o el estrés emocional -miedo, enojo- pueden influir en los ataques de asma. Existe también el asma inducida por ejercicio, que se manifiesta incluso en deportistas de alto rendimiento, y ya sea por esta causa o por otra, una vez iniciado el ataque, los esfuerzos físicos simples -como subir escaleras- pueden empeorar los síntomas.

El hecho de que existan tantas personas que la padecen en el mundo hace que el asma sea un problema de salud pública mundial, porque además no existe una clara distinción entre mayor cantidad de pacientes en países pobres o en desarrollo, sino que se extiende casi por igual entre todo tipo de poblaciones, siendo quizá la mayor diferencia la edad: los niños en edad escolar son quienes más la padecen, es de hecho la enfermedad crónica más común de la infancia.

Desde 1998 la Global Initiative for Asthma dedica el primer martes de mayo a la celebración del Día Mundial del Asma, un evento para mejorar el conocimiento de esta enfermedad entre pacientes, médicos y la población en general.

La OMS incluye al asma en las acciones de la Alianza Mundial contra las Enfermedades Respiratorias Crónicas, que se encarga entre otras cosas de hacer revisiones de la magnitud del asma en el mundo, además de que en asociación con los países miembros y sus agencias de salud, busca una prevención primaria, reduciendo los niveles de exposición a detonantes ambientales, además de que promueve que los médicos den diagnósticos y tratamientos adecuados.

Dado que el asma es una enfermedad crónica, no tiene cura, pero sí se pueden seguir tratamientos que no solo disminuyen los síntomas sino que pueden prevenir en cierta medida los ataques. El salbutamol y la budenisónida son dos de los principios activos que se usan en los medicamentos más comunes de tratamientos para el asma. Aunque ambos medicamentos se administran en general de la misma forma -a través de inhaladores-, cada uno tiene una acción diferente.

 Una química luchando contra el asma, aunque por supuesto no siempre estoy tan sonriente cuando uso mi inhalador (fotografía de Edgar Hernández)

El salbutamol, que comúnmente viene en tubos de inhalador de color azul, se conoce como un medicamento de rescate. Durante un ataque de asma las paredes de los bronquios se inflaman, causando que el paso del aire se vea impedido, disminuyendo el flujo de oxígeno hacia los pulmones, el salbutamol es lo que se conoce como un broncodilatador, pues actúan sobre los bronquios, relajándolos y expandiéndolos, aumentando así el flujo de aire a los pulmones. El salbutamol es un medicamento de rescate rápido y se usa cuando un ataque de asma toma por sorpresa o no se pudo hacer nada por evitarlo, pues su acción broncodilatadora comienza minutos después de la inhalación, pero el efecto no es muy duradero: después de unas dos horas, si no se han tratado otras causas, los síntomas del ataque continúan.

La budenisónida se usa para el manejo a largo plazo del asma, al tratarse de un esteroide actúa desinflamando, pero ese efecto comienza más de 24 horas después de administrarla y alcanza su mayor eficacia casi un mes después de iniciado el tratamiento, dado que no actúa con la rapidez del salbutamol no está recomendada para un ataque de asma imprevisto, lo que se busca con la budenisónida es que si un paciente asmático está sometido a condiciones ambientales que podrían favorecer un ataque en el mediano plazo, este no ocurra evitando la inflamación de los bronquios.

Dada la prioridad que la OMS le otorga al asma, el salbutamol y la budenisónida están incluidos en su lista de medicamentos esenciales (2), con lo que se promueve que los países miembros hagan lo posible para que dichos medicamentos sean costeables y estén al alcance de la población que los necesita.

Referencias:
(1) Asthma, Fact Sheet, Organización Mundial de la Salud.
(2) Who Model List for Essential Medicines, 19th list, April 2015

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