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El arroz dorado, o cómo no basta que la ciencia nos ayude a resolver problemas

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“La ciencia no solo es un conjunto de información que 
puedas ignorar o apartar. ¡La ciencia es la vida!”
-Neil DeGrasse Tyson, astrofísico y divulgador de la ciencia

Una de las razones por las que escribo este blog, es para compartir que la ciencia es algo cercano a todos, no solo a los científicos, que no solo es una colección de hechos, sino que es una forma de pensamiento ordenada a través de la cual podemos entender lo que nos rodea, desde lo más inmediato, hasta el más lejano, pero también que nos ayuda a resolver problemas a los que nos enfrentamos como personas, como sociedad, como especie.

Esos problemas que resuelve la ciencia pueden ser los causados por nuestro propio modo de vida, como el cambio climático al que hemos llevado a la Tierra, por el uso desmedido de combustibles fósiles, u otros que no dependen tanto de como hemos administrado los recursos del planeta, sino de eventos externos, como la amenaza real que representa el acercamiento a la Tierra de algunos objetos del Sistema Solar, como asteroides y cometas.

Para esas amenazas externas, que podrían sonarnos de ciencia ficción, existe ciencia real y científicos ocupados en proyectos encaminados a observar el espacio y conocer con anticipación el acercamiento de este tipo de objetos, para poder actuar en el caso en que existiera una amenaza muy grande. Estas misiones pertenecen tanto a dependencias de los gobiernos mundiales -como la NASA de EUA, o la Agencia Espacial Europea, ESA-, como a instituciones más pequeñas como universidades.

Incluso existen iniciativas independientes que buscan fortalecer la investigación en esa área, como el Asteroid Day establecido el año pasado el 30 junio (en el aniversario del evento de Tunguska), por un grupo encabezado por el astrofísico y músico Brian May (sí, el guitarrista de Queen), que junto con el director de cine alemán Grigorij Richters, consideraron que hacer un llamado de atención no solo a los científicos, sino a la sociedad general sobre la importancia de este asunto.

También existen otros problemas más terrenales que la ciencia puede ayudarnos a resolver, como por ejemplo la desnutrición a la que se enfrentan millones de niños en el mundo.

Según en Sistema de Información Nutricional sobre Vitaminas y Minerales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las anemias -por deficiencia de hierro en la alimentación- y las deficiencias de de yodo y de vitamina A, son los problemas de salud pública mundiales más importantes asociados con la alimentación.

Hace un poco más de 20 años, en 1995, la OMS reportaba que la deficiencia de vitamina A era un problema de salud pública en 60 países. De acuerdo al seguimiento que se dio en una década este problema prevalece en al menos 45 países, donde la deficiencia de vitamina A causa ceguera nocturna (dificultad o imposibilidad de ver bajo condiciones de poca luz) en niños de edad preescolar, resultando afectados con esta condición más de 5 millones de niños en todo el mundo, los cuales viven en regiones pobres en África y Asia. (1)

Si ustedes o sus hijos no tienen ceguera nocturna es porque durante toda su vida han podido alimentarse con carne de res, pollo, pescado, huevos y productos lácteos, que son fuente de ese nutriente, y también porque han comido vegetales de hoja verde como espinacas, además de zanahorias. Las fuentes vegetales no contienen en sí vitamina A, sino betacaroteno, que se denomina también pro-vitamina A, pues aunque no es la misma sustancia, al consumirse, en el cuerpo se transforma en la vitamina.

El problema de la deficiencia de la vitamina A no termina con la posibilidad de tropezarnos por la noche si nos levantamos, o de no poder leer sin luz, sino que al avanzar la deficiencia, sobre todo en los niños, se pasa de la ceguera nocturna -la cual es reversible- a una ceguera definitiva en la que debido a que la vitamina A forma parte primordial de la formación de los tejidos oculares, si no se consume en cantidades adecuadas, se daña la córnea de manera irreversible, siendo que además la deficiencia prolongada puede llegar a causar la muerte, pues así como forma los tejidos oculares, participa en la formación de otros tejidos blandos y óseos del cuerpo humano.

Quienes tienen esta deficiencia es por supuesto porque no pueden consumir los alimentos que contienen vitamina A, por que son poco accesibles en sus regiones y también por condiciones de pobreza.

 Buscando opciones para encontrar una solución a esa deficiencia nutricional, es que desde finales de la década de los noventas en el siglo XX varios bioquímicos y biólogos se interesaron en modificar genéticamente el arroz, un alimento barato, fácil de cultivar y accesible para muchas poblaciones con deficiencias de vitamina A, pero que de manera natural no la contiene, buscando introducirle un gen específico que hiciera posible que sí la tuviera.

Así fue como en 1999, un grupo de investigadores encabezado por Ingo Potrykus -profesor biología de plantas del Instituto Tecnológico Federal de Suiza (ETH)- y Peter Beyer -profesor de biología celular de la Universidad de Friburgo- consiguieron, después de ocho años de investigación, desarrollar una ruta biosintética completa con la que se obtenían plantas de arroz cuyos granos contenían betacaroteno y dado que este precursor de la vitamina A es un compuesto de color naranja, los granos de arroz de estas plantas genéticamente modificadas eran de un color amarillo dorado, de ahí el nombre de este desarrollo biotecnológico.

Granos de arroz dorado comparados con el arroz convencional (imagen tomada de Wikimedia Commons).

Al año siguiente publicaron los detalles de ese desarrollo en la revista especializada Science (2) y registraron su invento con una patente en Alemania en 2001. A partir de 2004 se iniciaron las pruebas de cultivo del Arroz Dorado a gran escala, que mostraron que con los cultivos a campo abierto se conseguía obtener granos de arroz con un contenido de betacaroteno hasta cinco veces mayor, que el obtenido en granos cultivados en condiciones de laboratorio o de invernadero. (3)

El Arroz Dorado es pues un éxito de la ciencia, pero sin embargo no será completamente exitoso hasta que no haya llegado a quienes estaba destinado desde el principio: hasta la fecha su cultivo no ha sido permitido prácticamente en ninguna parte del mundo, especialmente en las regiones donde existen condiciones favorables para cultivarse y sería primordial que así se hiciera, como en el sureste de Asia.

Las limitaciones de su siembra y distrubución no tienen que ver con interes económicos ni comerciales: Potrykus y Beyer, han hecho posible que la biotecnología -y derivados de ella-, para poder sembrar el arroz dorado, se distribuya de manera gratuita entre los agricultores de países pobres.

La oposición al arroz dorado ha sido más bien ideológica. Uno de sus principales opositores ha sido el grupo de activistas ambientales Greenpeace, que se ha manifestado contra la introducción de cultivos de organismos genéticamente modificados en general y también de manera particular contra el Arroz Dorado, argumentando que son inseguros, cuando existe evidencia científica sustancial sobre la seguridad alimentaria de dichos cultivos.

Es por esto que un grupo de más de cien ganadores de Premios Nobel han escrito una dura carta abierta, (4) publicada el 30 de junio de este año (en el mismísimo Día del Asteroide), en la que apoyan a la Agricultura de Precisión -la agricultura en la que se usa biotecnología para intervenir de forma de forma precisa en los procesos obtención de plantas adecuadas para cultivarse- y en la que llaman a Greenpeace a detener su campaña contra el Arroz Dorado y otros alimentos genéticamente modificados, además de hacer un llamado también a los gobiernos del mundo para rechazar este tipo de campañas que impiden que los agricultores tengan acceso a sembrar cultivos que beneficiarían a muchos, concluyendo que si no se actua pronto en este caso -donde la deficiencia de vitamina A causa la muerte cada año a medio millón de niños-, se estará cometiendo un crimen contra la humanidad.

Así pues la historia del arroz dorado nos muestra que no basta que la ciencia nos de respuestas o soluciones a nuestros problemas, sino que es necesario que estemos todos dispuestos a escuchar esas respuestas.

Referencias:

(1) Prevalencia mundial de carencia de vitamina A en la población de riesgo, 1995-2005, Organización Mundial de la Salud: http://ift.tt/29blEec

(2) «Engineering the Provitamin A (beta-Carotene) Biosynthetic Pathway into (Carotenoid-Free) Rice Endosperm»; Xudong Ye, Salim Al-Babili, Andreas Klöti, Jing Zhang, Paola Lucca, Peter Beyer, Ingo Potrykus, Science, 14 de enero de 2000, pg. 303,  http://ift.tt/1JZJyEZ

(3) Información sobre el Arroz Dorado, Golden Rice Project: http://ift.tt/1fBHSqi

(4) Carta de los Premios Nobel apoyando la Agricultura de Precisión (OGMs), Laureates Letter Supporting Precision Agriculture (GMOs): http://ift.tt/29pGyXM

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