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Feynman y el Challenger

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Hace unos días, el 28 de enero, se cumplieron tres décadas del desastre del transbordador espacial Challenger, que ocurrió cuando esta nave, que tenía una tripulación de siete personas, se desintegró un minuto después de su lanzamiento, causando que todos los que estaban a bordo, murieran.

Aunque no ha sido el único, se considera uno de los accidentes más graves en la historia de la carrera espacial, en parte quizá porque uno de los miembros de la tripulación era la profesora Christa McAuliffe, que participaría en la misión dentro de un programa de la NASA llamado Teacher in Space, que buscaba convertir a maestros de escuela en astronautas, para así inspirar a los estudiantes a conocer más sobre la exploración espacial, la ciencia y las ingenierías. Ella era la primera participante en el programa que, después del accidente, se canceló.

La presencia de McAuliffe, hizo que la misión STS-51-L del Challenger tuviera una cobertura muy extensa, además de que la NASA hizo arreglos para que el lanzamiento se transmitiera en vivo en varias escuelas de EUA. De cualquier forma, aunque los que tengamos edad suficiente para recordar este triste evento pensemos que lo vimos “en vivo”, en realidad lo más seguro es hayamos visto una retrasmisión del momento, pues sólo CNN lo transmitió en directo.

De cualquier forma, el accidente definitivamente tuvo un impacto negativo en la imagen de la NASA, que ordenó de inmediato una investigación, para lo que se formó la llamada Comisión Rogers formada por personas con experiencia en la aeronáutica, los viajes espaciales, la ingeniería y las ciencias.

Quizá la adición más interesante a esa comisión, fuera el Profesor Richard Feynman, físico teórico, ganador del Premio Nobel de Física en 1965, quien fue invitado a la comisión a sugerencia de William Graham, que entonces trabajaba en la NASA, pero que había sido alumno de alguna de las clases de Feynman en el Instituto Tecnológico de California

Richard Feynman en un bosque en Massachusetts, foto tomada en 1984 por Tamiko Thiel (imagen de uso libre en Wikimedia Commons)

 

Feynman definitivamente debe haber tenido muchos alumnos a lo largo de su trayectoria como profesor en el Caltech, tantos que él mismo admitía (en libro “¿Qué te importa lo que piensen los demás?”) que no recordaba bien quien era este tal William Graham que lo había invitado a la Comisión Rogers: “…unos días después del accidente, recibí una llamada de un jefe de la NASA, William Graham, ¡pidiéndome que estuviera en el comité que investigaría que había salido mal con el transbordador! El Dr. Graham dijo que había sido alumno mío en Caltech […] Todavía no estoy muy seguro de quién es él”. (1)

Pero sin importar las dudas que tenía sobre la identidad de Graham o sus propios recuerdos, Feynman aceptó gustoso la invitación, en una carta que les escribió a su esposa Gweneth y su hija Michelle en febrero de 1986, poco después de haber llegado a Washington DC, les decía que: “Ésta es una aventura como cualquiera de las otras de mi libro”. (2)

Y aunque quizá terminó siendo un elemento un poco incómodo en la comisión: “Trato de que me den la palabra para objetar y discrepar, pero siempre soy interrumpido por una cosa u otra…”, también resultó uno muy valioso para conocer las causas que ocasionaron el terrible accidente.

En sus investigaciones dentro de la comisión Feynman encontró que tal como una nave espacial tiene miles de componentes, que podrían fallar en un momento dado, así la forma de organización de la NASA con cientos de ingenieros, repartidos en diversos estados y con diferentes enfoques, hacían posible la existencia de errores fatales como el que ocurrió con el Challenger.

Así Feynman dedicó buena parte de su tiempo y energías en señalar con claridad esas fallas en la NASA, pero tampoco dejó de lado la búsqueda de la explicación de lo que había ocasionado el desperfecto en el transbordador.

Como buen profesor y divulgador que era, en una audiencia que la comisión presentó por televisión, Feynman mostró como una de las tantas piezas pequeñas que formaban parte de la nave, había tenido que ver con su desintegración: uno o varios empaques plásticos circulares, O-rings, por el material del que estaban hechos no soportaban bien las bajas temperaturas, así Feynman tomó un empaque idéntico a los usados en los transbordadores, lo sumergió en un vaso de agua helada, lo sacó y mostró lo fácil que era romperlo.

Así estos empaques, diseñados para sellar ciertas juntas en la nave, no hicieron bien su trabajo, dado que el 28 de enero de 1986 fue un día inusualmente frío para Cabo Cañaveral, tanto que incluso partes del transbordador mostraban una capa de hielo la mañana antes del lanzamiento.

Feynman insistió en incluir en el reporte final de la Comisión Rogers todas las irregularidades, omisiones, mal manejo de cifras y falta de comunicación, que observó y dejó claro que si no se hacía no firmaría el reporte. Aunque no todos los miembros de la comisión estaban contentos con que esa información quedara incluida, al final, la persistencia de Feynman rindió frutos, pues todas sus observaciones se incluyeron como un apéndice. Y más importante, se cambió el material con el que se fabricaban los empaques, para que fueran más resistentes a temperaturas extremas, pues como concluyó él en su informe: “Para una tecnología exitosa la realidad debe prevalecer sobre las relaciones públicas, porque no se puede engañar a la Naturaleza”. (3)

Referencias:
 (1) Fragmento traducido del libro de Feynman What do you care what other people think?, del que pueden consultarse algunos capítulos en: http://ift.tt/1TptzY5
(2) Tomado de una carta incluida en el libro de Feynman ¡Ojalá lo supiera!, Editorial Crítica.
(3) Apéndice completo de las observaciones de Feynman sobre el desastre del Challeger (en inglés): http://ift.tt/oSeXbE

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